Estados Unidos es un país que adora las ceremonias. Herederos de los ingleses, capaces de convertir todo acto público en una obra de teatro, también los estadounidenses convierten los ritos de paso de la democracia en un magnífico espectáculo.
En el acto de juramento y posesión de Obama hubo dos momentos importantes. Al principio, el Presidente de la Corte Suprema, repitiendo mal las frases del juramento, hizo equivocar y trastabillar a Obama. No faltará quien diga que, al no haber repetido exactamente las palabras correctas del juramento, todavía no está posesionado. Pero luego, en el discurso inaugural, volvió el Obama de siempre, serio y seguro de sí mismo.
Y dijo algo completamente nuevo. Los anteriores presidentes de la Unión hablaban siempre de Estados Unidos como de una nación de varias religiones. Obama también mencionó muchas (cristianos, judíos, musulmanes, hiduístas), pero nombró por primera vez a otra categoría de la fe, o de la no fe: a los no creyentes.
La irreligiosidad es la creencia que más crece en el mundo, y por primera vez Obama la tuvo en cuenta.