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Alcaldada de medianoche

25 de diciembre de 2008 - 07:36 p. m.

NO SÉ SI LO OCURRIDO CON EL REFErendo ha sido un despliegue perfecto de chapucería política o una pieza desechable de teatro rural al aire libre.

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Son dos conclusiones que se desprenden de la actuación del Comité Promotor y de los bandazos del Presidente mientras se desarrollaba, entre disparates y escachifolladas, el proceso de recolección de firmas.

El error de redacción, aunque mortal, es ahora lo menos grave. Al mejor cazador se le va una liebre. Pero el bamboleo de las cuentas de la financiación fue, de principio a fin, un episodio surrealista que nadie, ni sus propios protagonistas, pudo descifrar. Que Primero Colombia, que Colombia Primero, que los contratistas del Estado, que unos autopréstamos, que un señor Carlos Alberto Jaramillo huyéndole al Consejo Nacional Electoral. En síntesis, un puré de mentiras que parecía la tesis de grado de una promoción de mitómanos.

El doctor Uribe, entre tanto, fungía de cómico principal de una comedia intitulada La indiferencia, con guión y dirección de él mismo. Era su modo de mitomanear con la voluntad de los firmantes, dejando en la barda, aparentemente, su apetito desordenado de mandar y aporrear. Cuando el telón estaba a punto de caer, la alcaldada de medianoche, o sea, el decreto que convocaba a sesiones extraordinarias para el pupitrazo final, subió al proscenio en la manga almidonada de Fabio Valencia.

Todo se vale cuando más que seguidores los que corean a un caudillo son idólatras. Sin embargo, ningún falso redentor engaña a todo el mundo todo el tiempo, y el Presidente, tan ufano de sus desplantes de frentero, se ganó una estrella de irresoluto con las ambigüedades y frases que escondían su ambición, y acabó propinándole otro golpe al referendo, así crean, él y sus colaboradores, que las argucias jurídicas y las tinterilladas legitiman las violaciones a la Constitución.

Lo que mal empieza, mal termina. En seis años, los gobernados aprenden a conocer a su gobernante. Fueron muy poquitos los uribistas que no le censuraron a su ídolo la deliberada indecisión con que manejó su tercer turno, y que hoy, como nosotros, los críticos de su gobierno, ven en el accidentado referendo un enfermo agónico con respirador artificial y en una unidad de cuidados intensivos. Pasarse de vivo no siempre genera dividendos, porque las propias espuelas de los pretenciosos terminan dando buena cuenta de sus buches.

Una Corte Constitucional de bolsillo avalaría de nuevo la reelección, sin la menor duda. El pudor no es que abunde en ninguno de los órganos del poder. Peor por allí. Sería el golpe de gracia para el intento arbitrario de desequilibrar institucionalmente al país. Cuántos pueblos no han brincado de la abyección a la rebelión por los abusos personalistas de sus dirigentes, en especial cuando fenómenos como los falsos positivos, un desplome de la economía y escándalos en serie como el de la parapolítica y los fraudes de las pirámides, desinflan la figura de un todopoderoso que anda en función de “tomo todo”.

¡Alma bendita de Menem, derrotado hasta para la Gobernación de La Rioja! Cuidado y si con un referendo por debajo del mínimo requerido para su aprobación, a contrapelo de lo que digan las encuestas, el Presidente, en el 2014, no sale elegido ni para la Alcaldía de Sopetrán.

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