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“Debemos tener honor”: Martínez Neira

16 de enero de 2019 - 12:00 a. m.

En 2016, siendo Néstor Humberto Martínez uno de los candidatos a la Fiscalía General del presidente Santos —que lo seleccionó para la terna pese a conocer su talante hipócrita y fascistoide—, casi todo el mundo sabía que tenía las cartas marcadas para ganarles a sus dos competidores en la Corte Suprema: además de que había iniciado meses atrás y abusando de su posición de alto funcionario de la Casa de Nariño una campaña de halagos con los magistrados electores, contaba con la propaganda que le hacían, desde antes de retirarse, algunos excolegas de los togados, sospechosos de venalidad. Recordemos la historia desde 2015: el secretario de la Presidencia Martínez discutió, en el Congreso, con la representante Angélica Lozano a la que ridiculizó, con cierto tono misógino usual en él, cuando ella dejó al descubierto su juego en pleno debate: la manipulación del proyecto sobre una hipotética Comisión de Aforados que reemplazaría a la Comisión de Acusación de la Cámara, concebida para que —por fin— hubiera investigaciones serias contra los personajes públicos con fuero. Se estudiaba, entonces, la reforma conocida como equilibrio de poderes, del propio gobierno al que servía Martínez.

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Pues bien, Lozano encontró que el pretendido “superministro” se proponía dejar la elección de los miembros de la nueva célula investigadora en manos de los presidentes de la cortes incluyendo, desde luego, al de la Suprema, que era el tristemente célebre Leonidas Bustos, con quien se reunía Martínez, en privado y en público. De ese modo, el hoy fiscal general les daba postre y regalo a las cortes, incluyendo a los electores de la Suprema, desde luego. Lozano dijo sin pelos en la lengua: “Néstor Humberto cree que, como anoche les hacía un mandado a los presidentes de las cortes, a la Suprema que elige fiscal, (cargo) al que él aspira, los demás somos (como él)”. La respuesta de Martínez Neira lo pinta de cuerpo entero, tal y como lo conoce, en 2019, el país entero. Con desprecio, le replicó: “A mí me ofrecieron la Fiscalía General cuando era chiquito. Me la ofreció el presidente (César) Gaviria. De manera que a mí no me desbordan esas posiciones, esos órganos de poder. En este momento le estoy sirviendo a la patria en la posición que me ha pedido el presidente (Santos)”. 

El secretario de la Presidencia concluyó con una expresión pendenciera, muy suya: “Si es cierto que yo propuse que se ‘tocara’ el tribunal de aforados, renuncio. Si no, que ella acepte mi reto acudiendo a las grabaciones; y si eso no es cierto, que ella renuncie al Congreso. Los servidores públicos tenemos que tener honor y hablar con base en la verdad”. Angélica Lozano, que es una rigurosa parlamentaria, nunca mencionó “unas grabaciones”, como sugirió Martínez, ladinamente. En cambio, sí tenía en su poder un documento en borrador que llevaba el hoy fiscal, en que se contemplaba la proposición develada por ella. Ni corta ni perezosa, exhibió la foto del papel en que eso constaba y que tenía la validez de prueba por haber sido tomada en las manos de la asesora de Martínez. Él no volvió a decir ni mu sobre el reto propuesto sobre su renuncia, claro. 

Exactamente un año después, el abogado que había vuelto a su bufete privado para hacer negocios y, en sus ratos libres, escuchar las preocupaciones de Jorge Enrique Pizano, ya era aspirante a fiscal general como lo había pronosticado Lozano, no sin antes forcejear —según rumor palaciego— su inclusión en la terna mediante la presión que hizo ante el jefe de Estado, el vicepresidente Germán Vargas Lleras. A la salida de una de las citas en la Corte, en junio de 2016, el periodista Guillermo Gómez, de Noticias Uno, le hizo a Martínez una pregunta que pareció sacarlo de su centro: “¿Cuáles van a ser sus impedimentos en la Fiscalía? ¿En qué casos se va a tener que declarar impedido?”. Sonriente pero desconcertado, el aspirante a fiscal le contestó después de dudar en dos oportunidades: “No tengo ningún familiar que esté encausado por la Fiscalía General de la Nación y no conozco ningún cliente que tenga ningún encausamiento” (ver video). Hoy sabemos que, tres meses atrás, el 11 de marzo de 2016, Martínez, además de ser el confidente de Pizano desde hacía varios años, había elaborado el famoso contrato de transacción entre Odebrecht y el Grupo Aval en que los dos socios del consorcio Ruta del Sol II se comprometen a no denunciarse. Así es, así se comporta, así responde y así miente sobre sus conductas el poderoso fiscal general. Y todavía hay quienes lo respaldan atacando las marchas en su contra con la especie de que están compuestas por las Farc, los petristas, los corruptos con mucha chequera y los idiotas útiles. Idiotas, otros, con perdón de ustedes.

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