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El poder en la sombra

17 de octubre de 2018 - 04:30 a. m.

A quien no quiere un caldo, se le dan dos tazas: pese a que el experimento de Juan Manuel Santos de concederle a Néstor Humberto Martínez el rango de “superministro” le ha salido tan caro al país que hasta nos puede costar otra guerra, el presidente Duque ungió, a cambio de uno, a dos hombres tan influyentes o más que Martínez Neira porque a su poder le suman la capacidad de incidir en las decisiones públicas sin control social ni político alguno. El hoy fiscal general ha tenido figuración mediática que lo hace visible y susceptible de vigilancia externa. Los “superministros” de Duque permanecen en la penumbra, el primero, y en la sombra, el segundo. Nadie del común los ubica, salvo el círculo uribista de Uribe y el círculo uribista de la Casa de Nariño que son gemelos, pero con distintos operadores. Por poner ejemplos, entre quienes andan a la pata del senador y conocen los pasos que se están tomando en materias oficiales, se encuentra un parlamentario grotesco y tosco de apellido Mejía que ha entrado en competencia de notoriedad con las señoras Cabal, Valencia y Holguín. Los de la sede presidencial son, por el contrario, de la línea del perfil bajo. De este modo pueden manejar, tranquilamente, los hilos del Estado.

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El primero se llama Carlos Enrique Moreno. Es el cuñado de Álvaro Uribe, hermano de doña Lina y tío y socio de las empresas que fundaron, con él, Tomás y Jerónimo Uribe, entre las que se recuerdan las polémicas Coeficiencia, Zona Franca de Occidente y unos proyectos inmobiliarios de gran calado que nacieron y florecieron durante los gobiernos de su pariente. Moreno es la voz cantante detrás del mando presidencial. Trabaja con el jefe de Estado como su consejero principal en funciones similares a las de Martínez Neira, pero, desde luego, con la autoridad superior que le otorga su propia trayectoria y, por si fuera poco, sus nexos familiares con el jefe político de todos ellos. Aunque nunca se le ve en fotos sociales al lado de quienes integran el Ejecutivo o el Legislativo, su cercanía con el mandatario le transfiere, sin necesidad de decretos, un rango al menos vicepresidencial. El ‘superministro’ Moreno es patriarca del empresariado de su departamento, y uno de los miembros más fuertes del Sindicato antioqueño hoy llamado Grupo Empresarial Antioqueño. Así fue como lideró el grupo Argos y más recientemente, el grupo Corona.

El segundo superconsejero de Duque es Luis Guillermo Echeverry, más conocido como Luigi, hijo del legendario presidente de la Andi Fabio Echeverry Correa, a quien el expresidente Uribe respetaba y acataba como si fuera su padre.

Aseguran quienes conocieron la relación Uribe – Echeverry padre que esta se ha reproducido, de manera simbiótica, en la que une a Duque con Echeverry hijo. De idéntica forma, Luigi, exjefe del presidente de la República cuando los dos estaban en el Banco Interamericano de Desarrollo, orienta las decisiones de Duque sin tener un puesto en la Casa de Nariño, pero con la superioridad que le da su amistad con el jefe de Estado. Moreno y Echeverry representan, pues, mucho más que dos Martínez Neira: y observen la homosfera en la que reside, ahora, el fiscal general. Entonces, ¿cuál espacio sideral, por encima del de Martínez, se reservará para Carlos Enrique Moreno y Luis Guillermo Echeverry después de cuatro años (¿o serán ocho?) de ejercer la copresidencia de la República por la influencia infinita de Uribe y por el agradecimiento personal de Duque con ellos?

Ciertamente, la mayoría de los votantes eligieron presidente a Iván Duque y a Álvaro Uribe, jefe de una poderosa bancada. Pero nadie les vendió el país ni ellos lo pueden comprar. Duque puede querer mucho a sus amigos del alma, en su vida privada. Pero los nombramientos que haga deben ser formales, con el lleno de los requisitos para cargos preestablecidos, con la delegación clara de las obligaciones públicas que tendrán que cumplir. Y, ante todo, con la asignación de la responsabilidad política de sus actos. Lo que quede por fuera de estos parámetros viola el sistema de controles de la democracia. Y que yo sepa, aún no estamos en una autocracia. Aunque vamos por ese sendero.

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