La mala memoria de Alberto Rojas Ríos, un personaje que fungirá como magistrado de la Corte Constitucional para descrédito de Colombia, sólo se compara con la de quien habría recibido de él una indemnización por $116 millones que la Alcaldía de Funza (Cundinamarca) le debía entregar a una familia víctima de un accidente.
La contradicción entre sus respuestas y las del hombre a quien Rojas le habría dado la indemnización, y los olvidos del uno y del otro, dan más claridad sobre lo ocurrido que el fallo que resultó favorable a Rojas, gracias a que se extinguió el tiempo para investigarlo y no a que se hubiera demostrado su inocencia, como él da a entender en sus escurridizas frases.
Rojas sostuvo en una entrevista con Rafael Poveda hace unos días: “ese dinero se lo transfiero a la persona (que compró la indemnización a las víctimas)… no recuerdo bien el nombre… lo estoy buscando”. Pues bien, leyendo el proceso, encuentro que Héctor Hernando Betancourth es el tipo que se perdió en la mente de Rojas a pesar de que éste le habría entregado a él la cuantiosa suma. Por su parte, Betancourth tuvo que declarar el 7 de julio de 2008 ante un juzgado de descongestión, mientras se adelantaba la investigación y después de muchas citaciones que incumplió. Para ese momento, Rojas era ya un poderoso procurador delegado para Asuntos Civiles que podía tener a un subalterno suyo vigilando su propio caso. Betancourth afirmó: “Conocí al doctor Alberto Rojas Ríos en 1993 en la ciudad de Pereira… yo también soy de esa ciudad… él me dio el teléfono y la dirección de la oficina en Bogotá… me puse en contacto con él… y con alguna frecuencia salíamos a tomar tinto y hablábamos… esa relación estuvo vigente hasta el año 96, 97…”.
Rojas responde a Poveda: “yo fui ajeno por completo a esa operación (de venta de los derechos a Betancourth). Un abogado no se mete en nada… ni siquiera puede preguntarle a un cliente por qué vende…”. Pregunta: “Esa persona que compró los derechos litigiosos ¿cómo llegó a usted?”. Respuesta: “La llevó ella (la viuda víctima). Ella llegó con el señor a mi oficina…”. Declaración de Betancourth: “a la señora la conocí en la oficina del doctor Rojas… luego nos pusimos una cita porque ella quería vender… le di el dinero en efectivo… no tengo comprobante, no tengo esos recibos… Le manifesté que el negocio lo hacíamos bajo… la condición de que el doctor Alberto Rojas… fuera el abogado principal…”. Y añadió: “fueron cuatro o cinco citas que realicé con la señora en donde (sic) le manifestaba cómo iban ser las cosas”.
Rojas: “no tengo documentos porque uno guarda archivos durante 5 o 6 años… no tengo el dato de las fechas…”. Betancourth: “yo recibí $80 u $81 millones (de Rojas); en efectivo un poquito y el resto en cheque, no recuerdo el banco, de qué banco ni número de la cuenta; no recuerdo de quién era la cuenta, si era del doctor Rojas o si era un endoso”.
Epílogo, según Rojas: “el derecho tiene estructura casi matemática: si usted mira esa absolución, está diciendo: Alberto no tomó ningún dinero; Alberto no hizo mal uso de ningún dinero; Alberto entregó ese dinero a quien debía entregárselo…”.
Epílogo, según la audiencia con Betancourth: pregunta: “informe… si la persona que usted ha descrito (la viuda con la que negoció los derechos) se encuentra en esta sala y en caso afirmativo, señálela”. Respuesta: “…de pronto es la señora… (se deja constancia de que señaló a una persona distinta a la viuda) y de que efectivamente… la querellante se encuentra presente”.