DESPUÉS DEL FAUSTO DE LA NOCHE de la elección en el Coliseo y en las subsiguientes fiestas “privadas” que tan chocantes le debieron parecer al jefe de Estado en ejercicio, el Presidente entrante tendrá que dedicarse a enfrentar mil conflictos que su jerarca político no rematará, aunque si por éste fuera, resolvería todo con una orden imperial.
Menciono dos de ellos, por el impacto inmediato que provocarán: reforma a la Fiscalía y tercer canal privado de televisión. La conducta del Mandatario electo frente a este par de ‘chicharrones’, le dará al país una pista real sobre el gobierno que vendrá.
La frase que ha pronunciado Juan Manuel Santos en el sentido de que respetará las decisiones que tome Álvaro Uribe “hasta el último día” es una obviedad, pues no tiene otra opción. Pero es muy hábil porque le sirve para evadir su responsabilidad. Vano esfuerzo, porque dado su talante, el calibre de los temas y la huella que ambos asuntos dejarán sobre su Administración, nadie creerá que el nuevo conductor de la nación dejará de opinar, bien para aupar las decisiones de Uribe, bien para objetarlas, así sea parcialmente y en reserva.
El proyecto de reforma constitucional para que la Fiscalía sea un ente del Ejecutivo, en el que ya se dejó embarcar Santos, es el primer ‘chicharrón’ de envergadura que tendrá que manejar, más allá de las palmaditas en la espalda y las sonrisas que les estará prodigando en su encuentro de hoy, a los presidentes de las altas cortes. Santos ha repetido —en un tácito pero no inadvertido anuncio de rectificación del rumbo— que habrá entendimiento con los jueces y respeto por la justicia. Si esa es su real intención, ¿no se habrá preguntado sobre la oportunidad política de discutir en estos momentos judiciales, un acto legislativo para que la Fiscalía deje de pertenecer a la rama judicial, pierda su independencia y pase a ser la subalterna del Presidente? ¿Habrá considerado cuál piso ético sostiene esa propuesta, cuando funcionarios de la entraña de la Casa de Nariño, ex compañeros suyos, están siendo investigados? Y ante todo: ¿Cuál legitimidad podría sostener tal reforma, en el gobierno de un ex ministro de Defensa, con los centenares de procesos abiertos en la Fiscalía por los crímenes militares conocidos como falsos positivos que tienen escandalizada a la humanidad?
También es espinoso para el doctor Santos, personalmente, el tema del tercer canal privado de televisión, cuya mera expectativa económica lo involucra desde ya en su desarrollo, dados sus profundos nexos familiares con uno de los grupos aspirantes a ganarse semejante lotería. No veo de qué manera puede salir incólume el prestigio del Presidente electo, de esta pirueta: el gobierno que lo nominó como heredero del caudal uribista, entrega el canal por interpuesta Comisión de Televisión; los beneficiados podrían ser, fácilmente, dos de sus hermanos y su primo hermano, actual Vicepresidente del adjudicador. El precio de la acción o acciones de la familia presidencial se disparará en miles de millones y las dos administraciones, la que recibe y la que entrega, se beneficiarán. El interrogante final es si el Mandatario que empezará su cuatrienio en menos de dos meses, se limitará a alzarse de hombros. No conozco los intríngulis jurídicos de los dos asuntos, Fiscalía y canal. Sí sé que un Ejecutivo que se estrena y que pregona que “pasará la página”, entre otras cosas, para dejar atrás los atropellos que se cometieron contra la democracia, no arrancará con pie derecho su era, si lo hace con semejantes señales.