SI YO FUERA BANQUERA ESTARÍA muy preocupada. Y si estuviera en el lugar del Presidente, aún más.
Las turbas enfurecidas que han salido a protestar en muchas poblaciones y ciertas capitales, indican que el descontento popular por las carencias en que vive la gran mayoría está encontrando formas de expresión colectiva después de décadas de resignación. Respeto las opiniones de los expertos economistas cuando dicen que el fenómeno masivo de captación de dinero por parte de los piratas de las pirámides, es producto de la ‘avivatada’ de éstos y de la ignorancia de quienes entregaban sus ahorros; pero no estoy de acuerdo con ellos aunque les asista parcialmente la razón. Tampoco lo estoy cuando señalan, convencidos, que al sistema financiero no le cabe ninguna responsabilidad.
En cuanto a lo primero: si hay dos millones de posibles usuarios que corrieron el riesgo de perder sus pesos con quienes no les daban ninguna garantía pero sí muchas ilusiones, algo debe de andar mal en el esquema legal. No puede uno quedarse con la explicación simplista de que se trata de unos ignorantes. En cuanto a lo segundo: los grupos financieros serios deberían reunirse para examinar sin prepotencias de clase, cuáles han sido sus errores y cuáles las troneras conceptuales que alimentaron el espectacular florecimiento de los DRFE y de los DMG, y que terminaron excluyendo a ese no despreciable número de clientes potenciales. La millonaria cifra de ahorradores que busca otra opción constituye una prueba objetiva de que el sistema privado bancario no responde a las necesidades del país real en que opera.
Por el lado de quienes representan al Estado, las cosas marchan peor. La delicada situación de orden público generada por el cierre de los ‘tumbaderos’ cuando al fin el Gobierno —que ha exhibido mano tan dura contra sus opositores— se decidió a intervenir, hace suponer que la obsesiva fijación presidencial en las guerrillas y en los paramilitares no le ha dado tiempo al mandatario para atender los problemas del colombiano que nunca toma las armas. No de otra manera se explica que administración tan autoritaria en campos que afectan su ideología política, se hubiera demorado años en cumplir su tarea de vigilar, investigar, impedir y cerrar tempranamente los movimientos ilegales. No basta con que el Primer Mandatario se dé ahora golpes de pecho. Parece ya un axioma que incluso los más graves actos oficiales merecieran disculpa con la sola condición de que se acepten en público los yerros. Hasta los despistados sabían que los estratos bajos estaban ‘invirtiendo’ en mágicas empresas que devolvían, triplicados, los depósitos que se les hicieran. ¿Quién no había visto la monstruosa edificación de DMG en la Autopista Norte de Bogotá y quién no sabía lo que se ofrecía allí?
Volvamos al principio. Las manifestaciones de gente que grita contra el Gobierno y a favor del asistente de cámara David Murcia Guzmán sacan a flote la desesperación de las masas por sobrevivir en medio de la precariedad y con cero alternativas. Ojalá esto no se desmadre. Si calculo bien, por primera vez Álvaro Uribe va a sufrir un notorio descenso de imagen porque hoy el pueblo que lo ha apoyado piensa que fue él y no Murcia, el que le quitó lo poco que había logrado atesorar.