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El capitalismo del siglo XXI

01 de diciembre de 2015 - 09:18 p. m.

La Gran Recesión hizo evidente que las instituciones fundamentales del capitalismo desarrollado conducido por los neoconservadores, mercados y democracia, tenían fallas notables.

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Las soluciones abrieron las puertas a cambios importantes en la política y en la economía. Las nuevas tecnologías, que generan otros cambios, los facilitaron.

Las fallas de representatividad de los partidos y de la democracia representativa están conduciendo a nuevos actores y a formas políticas mucho más directas. La crisis económica indujo una mayor presencia del Estado en la gestión y en la regulación económica y está conduciendo a una reestructuración económica en favor del sector productivo.

Las nuevas comunicaciones, el uso masivo de computadoras, el desarrollo de aplicaciones y el uso extensivo del Internet permiten más libertad, información, opciones e iniciativas, nuevas formas de gestión, producción y organización, y distintas maneras de hacer negocios, más flexibles y descentralizadas.

Cada vez más las empresas se gobiernan desde un país, diseñan en otro, producen en un tercero, distribuyen en todo el mundo y se financian desde otros. Ello es acompañado de nuevas formas de gestión: menos piramidal, más informal, con control en tiempo real, sin inventarios y con personal seleccionado y promovido por méritos para elevar la productividad y garantizar el manejo eficiente de procesos crecientemente sofisticados.

Cada vez más se diseña y programa por computadoras y se produce mediante teletrabajo y robots. La producción es cada vez más tercerizada y genera menos empleo directo y más auto-empleo indirecto. Seguirá siendo masiva pero cada vez más personalizada.

Al mismo tiempo, las nuevas comunicaciones y aplicaciones permiten compartir servicios y un emparejamiento creciente entre demandas y ofertas individuales. Lo ilustran Uber y Airbnb; que desplazan y reducen la rentabilidad de taxistas y hoteleros.

Es el “Capitalismo del Siglo XXI” emergiendo, con instituciones políticas más participativas y más responsivas al interés general, gestionado de manera distinta, con mayor intervención estatal y una regulación pro mercados más competidos, empresas operando y gestionándose de modos alternativos, con mercados más abiertos, globalizados y flexibles, con una preocupación ambiental extendida, en medio de tecnologías que se perfeccionan aceleradamente.

Se dará también en los países en desarrollo, aunque con características menores. En estos la prioridad seguirá siendo reducir pobreza, inequidad y corrupción. Ello exige menos ideología, esas nuevas instituciones políticas, aprovechar las nuevas tecnologías, y políticas económicas que superen restricciones como falta de competitividad de los productores y reducidos niveles de ahorro e inversión para crecer a tasas elevadas, sostenidas e inclusivas, como los asiáticos. ¡Hora de despertar… o quedar rezagado!

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* Profesor Titular, Pontificia Universidad Javeriana, Departamento de Economía

 

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