En enero los precios al consumidor aumentaron 1.29 por ciento; durante los últimos doce meses 7.45 por ciento. Los precios que más se elevaron en enero fueron los de los alimentos: 2.82 por ciento. Entre los que más aumentaron en los últimos doce meses se encuentran alimentos, 12.26 por ciento, y aparatos domésticos, 14.64 por ciento.
¿Qué provoca un incremento tan pronunciado de los precios? Primero, en los últimos doce meses la devaluación cambiaria ha sido 34.7 por ciento. Segundo, Colombia atraviesa por una sequía severa ocasionada por El Niño.
Lo primero implica un alza de los precios de los bienes transables internacionalmente, es decir que se exportan o compiten con importados. La razón es clara: para la formación de sus precios éstos usan como referencia los precios internacionales que están en dólares. Así, cada vez que sube la tasa de cambio, suben sus precios domésticos en pesos aunque en forma progresiva y rezagada.
La sequía y las heladas destruyen los cultivos y, por lo tanto, reducen la oferta alimentaria. Ante una misma demanda, menor oferta implica elevación de precios, que se añade a los efectos de la devaluación cambiaria.
Lo cual quiere decir que cuando desaparezca El Niño y se estabilice la tasa de cambio los precios domésticos se estabilizarán.
Así, sorprende que muchos entendidos se declaren sorprendidos por las alzas. Sorprende más aún que pidan aumentos de la tasa de interés para controlarlas. Esa medida, supuestamente, reduciría los créditos y con ello la demanda y, por lo tanto, los precios. Pero una reducción de la demanda no puede reducirlos si éstos aumentan por sequía y devaluación cambiaria. Podría reducir las importaciones y la demanda de dólares, ¿también la devaluación? Difícil pues la reducción de la oferta de dólares es mayor.
Lo que es claro es que la economía colombiana está experimentando un cambio radical en su estructura de precios en favor de los bienes manufacturados, agrícolas, pecuarios y de turismo interno. Esos nuevos precios los rentabiliza y, por lo tanto, si los inversionistas los visualizan como permanentes invertirán en dichos sectores.
Mejor dicho, lo que la economía está experimentando es una gran oportunidad. Justo cuando los sectores mineros ya no son rentables por la reducción sustancial de sus precios internacionales, sin perspectivas de recuperación, aparece la oportunidad de sustituirlos con otros sectores como líderes de la economía.
Los nuevos sectores tienen una enorme ventaja: son intensivos en mano de obra, los antiguos eran intensivos en capital. Quiere decir que si estos nuevos sectores se consolidan es posible lograr una reducción notable de la pobreza y de la desigualdad del ingreso.
Ojalá la oportunidad no se desperdicie. Requiere otra política económica, distinta a la de los últimos años, que estabilice la tasa de cambio a niveles altos, reduzca la tasa de interés a niveles compatibles con las internacionales y la regulación promueva la competencia en los mercados. ¡Esperemos que así sea!