La naturaleza, cuando golpea, puede hacerlo duramente. Japón lo está experimentando.
El viernes 11 sufrió un terremoto de 9 grados —el más fuerte en 140 años de historia— que generó un tsunami que destruyó la costa noreste del país y, adicionalmente, produjo graves daños en dos centrales nucleares que tienen preocupado a todo el mundo por las fugas de radiactividad que pueden producir.
Los resultados del desastre podrían traducirse en la pérdida de 10 mil vidas humanas. Se habla de 210 mil desplazados por la crisis de las centrales y de 380 mil por el terremoto y el tsunami. No existen todavía estimativos claros sobre la magnitud de la destrucción del stock de capital; se mencionan US$35 mil millones como el costo asegurado.
La respuesta inmediata del gobierno fue destinar 100 mil soldados a las tareas de rescate y limpieza. En poco tiempo desarrollará una fuerte expansión del gasto público para las tareas de reconstrucción. A su vez, el Banco Central anunció la inyección de 15 trillones de yenes (US$184 mil millones) a fin de garantizar el flujo de dinero requerido a empresas y familias. Como era de esperar, luego del terremoto, el índice de la Bolsa de Tokio cayó 6%; las mayores pérdidas se dieron en las aseguradoras.
Todo esto ocurre en una economía que en 2009 decreció 5,2% y en 2008 1,2% y cuyo promedio de crecimiento entre 2000 y 2009 fue de 0,7%, el peor comportamiento entre las economías más grandes del mundo incluyendo Estados Unidos (1,8%), China (10,3%) y la Unión Europea (1,5%).
No obstante, en 2009, a dólares constantes del año 2000, el ingreso per cápita de los japoneses (38.777) era superior al de los estadounidenses (37.016), al de los europeos (24.178) y, ciertamente, al de los chinos (2.206). Difícil esperar que esta crisis, por grande que sea, reduzca significativamente ese estándar de vida.
El primer ministro japonés calificó la presente crisis como la más grave que ha sufrido el país desde la Segunda Guerra Mundial invitando a construir un nuevo Japón. No será a partir de cero. Japón es un país rico que tiene las capacidades empresariales, la población educada y los recursos de capital para recuperase. Paradójicamente, el terremoto puede haber generado el estímulo fiscal y monetario para remontar la crisis económica que los abruma desde hace algún tiempo.
* Ph.D. Profesor, Universidad Javeriana