El precio del petróleo continuó descendiendo, anunciando más dificultades económicas; cuando sus precios eran elevados los anuncios eran contrarios. La dependencia de las materias primas produce estos comportamientos cíclicos… aunque no inevitables.
Las razones son obvias: buenos precios internacionales de las materias primas significan ingresos externos elevados que pagan buenos salarios, generan grandes utilidades, compran abundantes bienes y servicios a proveedores internos, quienes trasladan ese comportamiento a otros, producen ingresos fiscales elevados, generan abundancia de divisas que revalúan la tasa de cambio y abaratan los precios domésticos de los exportables e importables.
Cuando esos precios internacionales se reducen y con ello la abundancia de divisas, ocurre lo contrario: los exportadores reciben menos ingresos, pagan menos salarios, obtienen menos utilidades, compran menos bienes y servicios y así sucesivamente. Es decir, la contracción externa induce contracción interna, reducción de ingresos fiscales, devaluación cambiaria y aumento de los precios de los exportables e importables.
Esos comportamientos originados en el comercio externo son reforzados por los flujos de capitales. Los precios internacionales elevados y la consecuente revaluación cambiaria abaratan los créditos internacionales, y las empresas locales con acceso a esos mercados, ante tasas de interés locales elevadas, se financian externamente. Ello genera una abundancia adicional de divisas y más revaluación cambiaria, lo que hace atractivo traer más moneda extranjera para venderla localmente y con esos recursos comprar inmuebles y papeles financieros, lo que refuerza sus demandas, eleva sus precios y acelera la economía.
Por su parte, los precios internacionales elevados hacen atractiva la inversión en la producción correspondiente, lo que atrae más recursos externos, induce más revaluación cambiaria, refuerza las demandas de bienes y servicios de capital y, con algún rezago, la capacidad de producción respectiva.
Cuando caen los precios internacionales, ocurre lo contrario: el endeudamiento y la inversión externos dejan de ser atractivos. De tal modo, se reduce el ingreso de divisas y su monetización, lo que contrae las demandas y precios de inmuebles y en la bolsa, induce mayor desaceleración, más devaluación y más elevación de precios de los transables.
No tiene que ser siempre así. Los últimos cambios han generado una nueva estructura de precios en favor de los transables. Si ese cambio en los precios es estable, rentabiliza a los sectores transables no afectados por la reducción de los precios de las materias primas: manufacturero, agropecuario y turismo interno. Así, sustituirían a los primeros en la estructura de la economía y harían que ésta se baje del columpio. No es rápido ni sencillo y requiere una política económica adecuada, pero es posible. ¡Todo un desafío!
Profesor, Universidad Javeriana, Departamento de Economía