Como anunciaron las encuestas durante varios meses, será en segunda vuelta, el 5 de junio próximo, cuando se elija al nuevo presidente peruano.
En la primera vuelta, Keiko Fujimori de Fuerza Popular, de extrema derecha, heredera del papá Alberto Fujimori, recibió un insuficiente 39.8 por ciento de los votos válidos; necesitaba 50 por ciento más uno para ser elegida. En segundo lugar quedó Pedro Pablo Kuczynski de Peruanos Por el Kambio, de centro derecha, con 21 por ciento y en tercer lugar Verónika Mendoza del Frente Amplio por Justicia, Vida y Libertad, de izquierda, con 18.8 por ciento. De tal modo, la elección presidencial se decidirá entre Fujimori y Kuczynski.
La segunda vuelta es el espacio de las alianzas formales e informales. En ellas el anti-fujimorismo jugará un papel importante. Muy militante, está muy presente en la izquierda, en la derecha liberal, en los partidos de los expresidentes y en Acción Popular, el otro partido tradicional (sorprendentemente recuperado) cuyo candidato llegó en cuarto puesto con 7 por ciento de la votación.
La izquierda ya anunció, indirectamente, su preferencia: en conferencia de prensa el 12 de abril, posterior a la primera vuelta, Verónika Mendoza anunció que «El Frente Amplio será una oposición firme y fiscalizadora.» Enumeró también los crímenes del régimen de Fujimori y proclamó que «Eso en nuestro país nunca más» y que «Es tiempo ya de trabajar por la refundación de nuestra nación. Construir un nuevo pacto político-social que zanje de manera definitiva con la dictadura fujimontesinista y todo lo que representa.»
Por cierto, según la encuesta de IPSOS-Perú para América Televisión realizada entre el 22 y 24 de marzo del 2016, 49 por ciento de los electores peruanos definitivamente no votaría por Fujimori, mientras que la resistencia a votar por Kuczynski era de 37 por ciento. Un 53 por ciento de quienes definitivamente no votaría por Fujimori no lo haría a raíz de la gestión presidencial de su padre y 38 por ciento a causa de sus capacidades y propuestas.
Más aún, una reciente encuesta de la misma IPSOS-Perú, entre el 13 y el 16 de abril prevé que Kuczynski recibirá 44 por ciento de los votos válidos mientras que Fujimori recibiría 40 por ciento, con un 16 por ciento de votos blancos, nulos y viciados. Mejor dicho, lo que Fujimori logró en primera vuelta pareciera ser su techo electoral.
Esas proyecciones no deberían sorprender a nadie. Primero: no sería la primera vez que quien triunfa en la primera, pierda en la segunda; en 2006, Ollanta Humala ganó en la primera vuelta con un tercio de la votación y Alán García fue elegido presidente en la segunda. Segundo, desde hace meses, desde cuando la segunda vuelta comenzó a considerarse inevitable, todas las encuestas empezaron a mostrar a Kuczynski derrotando a Fujimori en la segunda vuelta; con mejores posibilidades que Verónika en esa confrontación. Posiblemente, esas revelaciones determinaron que, al primar en los votantes el anti-fujimorismo sobre el izquierdismo, Veronika frenara su ascenso a la segunda vuelta.
No es para menos, a la mayor parte de los peruanos les resulta impresentable que llegue a ser presidenta del Perú la hija de quien huyó del país, renunció por fax a la presidencia, renuncia no aceptada, y fue destituido por incapacidad moral por el congreso peruano. Extraditado, sentenciado y condenado por corrupción, asesinatos, abusos de poder y otros delitos, Fujimori padre se encuentra actualmente recluido en una prisión militar en Lima.
Dicen los peruanos que en la primera vuelta votan por quien quieren y en la segunda vuelta votan contra quien no quieren. Así, el 5 junio, la mayoría de los peruanos, seguramente, salvo imponderables, elegirá a Pedro Pablo Kuczynski como el próximo presidente peruano.
Pero Kuczynski no la tendrá fácil. Su gobierno tendrá que ser de compromisos con unos y otros. Los fujimoristas, que ganaron la mayoría en el congreso, quedarán frustrados en sus aspiraciones máximas. La izquierda, que ganó en todo el sur del país, quedará fortalecida en las calles. De tal modo, Kuczynski tendrá que negociar cada acto de su gobierno, caso por caso: de continuación del modelo económico y de avances sociales, que en muchos casos pueden ser contradictorios.
*Profesor titular, Pontificia Universidad Javeriana.