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Para crecer aceleradamente: la cuestión de los precios básicos

20 de septiembre de 2016 - 09:20 p. m.

El éxito de la economía colombiana, más aún en tiempos de derrumbe de los precios internacionales del petróleo y del carbón y de posconflicto, pasa por el desarrollo de la agricultura, las manufacturas y el turismo receptivo. Para ello, deben ser rentables, es decir competitivos.

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Para que un productor sea competitivo, los precios de los bienes y servicios que vende y produce deben superar los costos de producirlo. Si esos bienes se pueden exportar o importar, sus precios tienen como referencia los internacionales. Pero como estos precios se expresan en  dólares, para convertirlos a pesos debe usarse la tasa de cambio. Lo cual quiere decir que esa tasa de cambio debe ser elevada y, además, estable.

La tasa de cambio, el precio del dólar, se define en el mercado cambiario y, como cualquier otro precio, depende de las demandas y ofertas respectivas. Las demandas provienen fundamentalmente de las importaciones y las ofertas de las exportaciones, los endeudamientos en dólares de las empresas y las inversiones extranjeras.

Que la tasa de cambio colombiana sea elevada es parte de la realidad actual. Lo cual quiere decir que la tarea no es elevarla si no mantenerla elevada y estable. Para ese propósito lo menos que se necesita es que el banco central eleve su tasa de interés. Por ese camino, se elevan las tasas de interés comerciales, se reduce el crédito, el ingreso disponible y las demandas en los mercados de bienes y servicios. Con ello se contraen las importaciones, las demandas de dólares y, por lo tanto, la tasa de cambio… que es lo que viene sucediendo.

Pero más allá de ese contratiempo por el lado de la demanda, es posible que alguna abundancia aumente la oferta de dólares y cause revaluación. Por ejemplo, los empresarios con acceso a los mercados internacionales de crédito pueden considerar que el periodo de devaluación llegó a su fin, y como las tasas de interés en Colombia son muy elevadas respecto a las internacionales, incluso las preferenciales, pueden recomenzar a endeudarse en el exterior, traer muchas divisas y, así, revaluar la tasa de cambio.

Lo cual lleva a la necesidad de contar con tasas de interés crediticia competitivas con las internacionales. La cuestión es crucial: tasas de interés elevadas inducen revaluación cambiaria. Más aún, aumentan los costos financieros de las empresas y, así, reducen su competitividad. Adicionalmente, disminuyen las oportunidades de inversión ya que a mayores costos financieros, las empresas requieren mayores rentabilidades para pagarlos. 

¿Por qué esas tasas son tan elevadas? Como demuestra el Banco de la República, los mercados crediticios en Colombia “funcionan en competencia monopolística y los mercados de crédito de consumo casi como un cartel.”  Siendo así, la política regulatoria debería inducir mayor competencia en los mercados de crédito exigiendo mayor transparencia en sus precios, más información, y mayor libertad de entrada y salida a esos mercados de los actuales consumidores crediticios y de posibles nuevos ofertantes. 
Pero más allá de evitar un sobreendeudamiento externo de las empresas, hay dos formas de evitar la revaluación: como los noruegos o como los chinos, desde hace décadas. Los primeros reducen las ofertas de divisas provenientes de las regalías e impuestos a las exportaciones de petróleo y gas, depositándolas en el Fondo Noruego de Pensiones con los que compran acciones de las principales empresas europeas. Los segundos hacen que su banco central compre todos los excedentes del mercado para mantener la tasa de cambio al nivel requerido, para lo cual emiten todos los yuanes que sean necesarios, sin causar inflación porque al hacer muy competitivas y rentables a sus empresas, sus ofertas crecen más rápidamente que las demandas originadas por la expansión monetaria.

Tarde o temprano, esas son las tareas que la política monetaria y la regulatoria tendrán que asumir para que la economía crezca aceleradamente para asegurar la prosperidad de los colombianos y de sus empresas. Las otras corresponden a la política fiscal. (Continuará).

Profesor, Pontificia Universidad Javeriana, Departamento de Economía.

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