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Buenas noticias desde Irak

27 de noviembre de 2007 - 06:06 p. m.

Hace unas pocas semanas, en la revista británica Prospect, el editor de asuntos exteriores, Bartle Bull, publicó un audaz ensayo diciendo básicamente que había quedado atrás la marea de violencia en Irak y que el reflujo había revelado algunas cosas interesantes:

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Primero, el pueblo de Irak en su totalidad había mirado el abismo de la guerra civil y se había alejado del borde. Segundo, la mayoría de los árabes sunitas habían comprendido que su participación en las filas de al-Qaeda no era una "insurgencia" patriótica sino un error horrendo y que había expuesto a su sociedad al elemento más sádico y degradado en todo el mundo musulmán. Tercero, las milicias chiítas también habían comprendido que se les había ido la mano. Según Bull, todavía queda un nivel horrible de violencia criminal y antisocial, pero esencialmente Irak se ha puesto de acuerdo en que el compromiso étnico y social determinará los acontecimientos, y que la interferencia subversiva del exterior no será bienvenida.

Leí el artículo y admiré su coraje, pero no decidí creerle. A mí no me parece que las cosas ya hayan llegado al fondo, y resulta poco creíble que el sectarismo esencial del régimen del primer ministro, Nuri al-Maliki, tan gráficamente ilustrado con la cruda ejecución de Saddam Hussein, pueda justificarse. Peor, el éxodo de muchos iraquíes seculares o calificados o educados (tal vez unos 2,5 millones de exiliados, que viven en Siria o Jordania o aún más lejos) parece amenazar con un largo período de declinación social y cultural, de la cual solamente se beneficiarían los partidos religiosos.

Pese a ello, parecería que los iraquíes han comenzado a recuperar el control de su destino, y también que Estados Unidos habría ayudado a que eso se concretara. El envío de más soldados norteamericanos es solamente una parte de la historia. Es obvio que si los sunis de la provincia de Anbar no hubieran decidido por su propia voluntad enfrentar a las monstruosas fuerzas de al-Qaeda, ninguna cantidad extra de soldados habría hecho la diferencia.

Pero una cierta combinación de ambas cosas parece haber alterado la ecuación. No sólo en esa provincia -y el testimonio corresponde a soldados y a periodistas, entre ellos personas de ambas categorías muy escépticas-, parecen estar de acuerdo en una cosa: las fuerzas de Abu Musab al-Zarqaui, el líder de al-Qaeda en Irak que las fuerzas de Estados Unidos mataron en junio de 2006, apestan en las narices del mundo árabe. Para decirlo con palabras de Thomas Paine: "Han sido burlados en materia de liderazgo… y superados en materia de fortaleza". La doctrina de Bin Laden en Irak ha sufrido una derrota punzante. Esto es ciertamente algo para celebrar.

Sobre el resto, uno tiene que juntar una anécdota por aquí y un poco de mezcolanza por allá. Hace quince días, The Sunday Times de Londres dijo esto con firma de Hala Jaber: "La mayoría de las luces callejeras de Bagdad se encendieron la semana pasada por primera vez en años. Fue una pequeña mejora en la calidad de vida, pero en la parpadeante luz la capital iraquí parecía un poco menos amenazante y mucho más familiar. Ahmed Chalabi, la ex niña bonita de los neoconservadores norteamericanos, quien cabildeó arduamente para lograr el derrocamiento de Saddam y más tarde se transformó en viceprimer ministro, recorrió la ciudad con tranquila satisfacción… Al comienzo de este mes, el primer ministro iraquí, Nuri al-Maliki, encargó a Chalabi restaurar los servicios esenciales de la capital".

Ah, dirán los lectores, la prensa de Murdoch nunca renunciará a sus esbirros iraquíes favoritos. Está bien, prueben con esto de Los Angeles Times del 13 de noviembre: "La primera parada del itinerario (de Chalabi) este día es el recinto del jeque Nadeem Hatim Sultan, el líder de la tribu Tamimi en la región Taji, al norte de la capital. Hasta hace dos meses, el área era un sitio caliente de violencia étnica y un puesto de avanzada para el grupo insurgente Al Qaeda en Irak. Las tropas conducidas por Estados Unidos derrotaron a los insurgentes bajo una nueva ofensiva de seguridad, y los jeques tribales pelearon para recuperar el control de sus comunidades. Los fuegos sectarios ahora se han enfriado y los residentes están deseosos de reconstruir la economía del área, -impulsados por una agricultura suculenta y por alrededor de 15 fábricas textiles- y de restaurar sus servicios públicos. A Chalabi lo reciben como a un personaje de la realeza".

Haber logrado derrotar y desacreditar a al-Qaeda en una pelea abierta y haber derrocado al fascista partido Baath, que traicionó su pseudosecularismo al forjar una alianza con al-Qaeda, es una impresionante victoria. Sin embargo, el precio de este logro fue frecuentemente la indulgencia con cierta conducta excesiva por parte de los partidos y las milicias chiítas. El próximo paso debe ser controlar las fuerzas de Muqtada al-Sadr, el clérigo chiíta, y desalentar todo apoyo iraní a esos grupos. Nuevamente, uno casi ni se anima a tener esperanzas, pero hay algunos signos prometedores.

El gobierno de Maliki no está usando una prisa indebida o una demagogia sectaria en el caso del sultán Hashim Ahmed al-Tai, el ex ministro de Defensa de Saddam Hussein, que ha sido sentenciado a muerte pero aún no ha sido ejecutado. Muchos sunis curdos y árabes, ya sea opuestos por principio a la pena de muerte o al menos en este caso, parecen por ahora haber prevalecido. Y "el gabinete", según el New York Times del 18 de noviembre, "ha enviado al Parlamento legislación suavizando la ley para eliminar de puestos en el gobierno a los simpatizantes del partido Baath".

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Me pregunto cuántas personas, leyendo esa ordinaria sentencia sobre "el gabinete" y "el Parlamento", como se informó también en los medios independientes de la prensa iraquí, tienen alguna idea de lo que significa cuando se lo compara con los insanos procesos del totalitario matadero estatal que era Irak hasta el 2003.

Como comencé diciendo, no estoy seguro de que algunas de estas aparentemente buenas noticias sean realmente genuinas o que durarán. Sin embargo, estoy bastante seguro tanto de que podría ser verdad como de que sería maravilloso si lo fuera. Lo que más me preocupa de los liberales y los demócratas no es su escepticismo, algo justificable, sino la impresión malsana y siniestra que ofrecen. Como si cuanto peor es la marea, más complacidos están. Este tipo de mentalidad no es aceptable y tampoco debe ser perdonada.

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* Periodista, comentarista político y crítico literario, muy conocido tanto por sus puntos de vista disidentes, su ironía y su agudeza intelectual. / c. 2007 WPNI Slate

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