ME CONTARON LA AHORA NOTORIA respuesta del senador John McCain a la pregunta de cuántas casas poseían él y su esposa, Cindy, como si hubiera sido un chiste deliberado. Y debo decir que la respuesta dada por el senador por Arizona, de que pediría a su personal que hiciera un chequeo antes de tener una idea clara, fue realmente muy divertida.
Pero luego todos comenzaron a actuar como si McCain les hubiera dicho a los pobres y desempleados que si no tenían pan, que comieran torta. Por lo tanto, decidí chequear la respuesta original. Era una grabación de audio, así que no podía verle el rostro y decidir si McCain lo había dicho con cara de jugador de póquer (se sabe que él lo hace).
Pero incluso en el audio del portal de internet Politico, era claro que McCain o se estaba riendo de la pregunta sobre cuántos condominios poseían él y Cindy, o estaba tomándola demasiado en serio. La respuesta completa es esta: “Pienso —haré que mis empleados les informen—”. Nada del otro mundo.
Me considero algo así como un experto en lo que el escritor Joyce Cary denominó una vez “observaciones destempladas”. Una observación destemplada es el comentario indefendible de una persona desaforadamente rica, con tal falta de sensibilidad que los trabajadores y campesinos piensan en faroles y en guillotinas.
Les puedo dar algunas como condimento. La fallecida reina madre, cuando era trasladada en un Rolls-Royce a través de un distrito de Manchester, Inglaterra, dijo: “Creo que no tiene sentido alguno ser pobre”. El duque de Saint Albans le dijo una vez a un entrevistador que un antepasado había perdido alrededor de 50 millones de libras esterlinas en una especulación estúpida en campos de oro sudafricanos, y agregó, luego de una pausa: “ese era un montón de dinero en aquella época”.
El duque de Devonshire, tras ser criticado en The London Times, anunció en un tono fastidiado y lastimero que él no pensaba recibir el periódico en “ninguna de mis casas”.
¿Ven lo que quiero decir? Por alguna razón es más fácil imaginar esto en la clase alta inglesa, aunque es posible obtener ejemplos de eso también entre los millonarios estadounidenses. Un donante bostoniano que entregó dinero a mi antigua universidad en Oxford se llamaba Coolidge. Cuando le pregunté si estaba emparentado con el presidente del mismo nombre, reaccionó ofendido, y dijo: “Bueno, no. Yo creo que él era uno de los Coolidges que trabajaban”.
Barbara Bush, actuando como la graciosa anfitriona de los refugiados de Nueva Orleans luego de los destrozos del huracán Katrina, dijo que como muchos refugiados eran menesterosos, la vida en el estadio deportivo de Texas “era una maravilla para ellos”.
Pero hemos llegado a la época, que se repite de manera aburrida cada cuatro años, en que cada político norteamericano trata de actuar como si hubiera ido descalzo a la escuela.
El atildado senador Charles Schumer, demócrata por Nueva York, dijo virtuosamente a Politico que él sabía de buena fuente que John McCain “usa zapatos de 500 dólares, tiene seis casas y proviene de una de las familias más ricas de este estado”. Uno puede fácilmente imaginarlo rechazando con indignación una donación para la campaña de una familia que, como la de Cindy McCain (no John McCain), tiene una enorme concesión de cerveza.
Y uno puede verlo también atacando a un candidato demócrata que se casó con una esposa muy rica. Simplemente recuerden cómo atacó a Teresa Heinz Kerry… En 2004, el hecho de que ella y el senador John Kerry tuviesen cinco viviendas, fue un gran elemento en la propaganda pseudosocialista del Partido Republicano. Lamentablemente, este año los republicanos no pueden hacer nada mejor que contestar enfilando la atención al gran ingreso y a la gran casa del senador Barack Obama (la última adquirida con la ayuda de un especulador bastante dudoso de Chicago).
En otras palabras, los republicanos aceptaron la lógica del ataque demócrata y buscaron solamente decir: “tú también”. Qué infantil es esto, qué insultante es y cuán condescendiente para aquellos que realmente deben luchar.
Cada cuatro años descubrimos súbitamente que las únicas personas que vale la pena mencionar en los Estados Unidos son los enfermos, los desempleados, los que carecen de seguro, los que reciben salarios insuficientes, los que perdieron su vivienda, o alguna combinación de lo mencionado más arriba.
Bill y Hillary Clinton hablaron de esos millones de desprotegidos y miserables en dos noches sucesivas la semana pasada. Tal vez no pensaron ni una sola vez que algunos de ellos vivieron y sufrieron bajo las dos administraciones Clinton.
Menciono esto porque Barack Obama se promociona como un nuevo tipo de candidato y como ajeno a esa habitual idiotez. Sin embargo, él y su compañero de fórmula han hecho una serie de referencias demagógicas sobre los ingresos y las propiedades, no simplemente de su rival para la Casa Blanca, sino de los de su esposa.
Un buen intento. A ellos nunca se les ocurrió que John McCain podría en realidad ignorar la vastedad de sus propiedades conjuntas. Tal vez, simplemente, por la decente razón de que a él no le interesa mucho. Pienso que conozco la diferencia entre un comentario verdaderamente destemplado y uno falso. Espero que los ejemplos que he dado ayuden a los lectores a hacer lo mismo. Ahora, buenas noches y que Dios bendiga a América.
*Periodista, comentarista político y crítico literario, muy conocido por sus puntos de vista disidentes, aguda ironía y agudeza intelectual. (Traducción de Mario Szichman). c.2008 WPNI Slate.