Entre los años 2007 y 2008, el mundo vivió una de las peores crisis alimentarias, producto en parte del mal clima que afectó negativamente a las cosechas;…
Entre los años 2007 y 2008, el mundo vivió una de las peores crisis alimentarias, producto en parte del mal clima que afectó negativamente a las cosechas; los altos precios del petróleo, que a su vez impactaron los costos de los fertilizantes; una población creciente en China e India; un mayor uso de los alimentos con el fin de generar biocombustibles, y la adquisición de contratos de este tipo de commodities por parte de inversionistas, motivados por las continuas valorizaciones que presentaban estos activos antes de la detonación de la crisis financiera con la quiebra del quinto mayor banco de inversión en ese momento (Lehman Brothers, en septiembre de 2008). De hecho, el precio del petróleo de referencia WTI alcanzó su máximo en julio de 2008, marcando los US$141,69 por barril.
Actualmente, pese a que en Europa se espera una contracción económica y China presenta un menor ritmo de crecimiento, el clima nuevamente está afectando las cosechas de productos básicos como el maíz, utilizado en la producción de biocombustibles, los cuales mantienen una tendencia creciente. De hecho, el contrato de maíz con vencimiento más cercano ha presentado una valorización del 68% desde mediados de junio, afectando no solamente a este producto sino a su cadena productiva. Alternativas como las que quiere implementar Dinamarca en su plan 2050 de energías renovables, con el fin de no depender del petróleo ni del carbón, son cada vez más importantes en un mundo que se debatirá entre el consumo de alimentos o su uso en la producción de biocombustibles.
* Asesores en Valores