Las compras de dólares del Gobierno hasta la semana anterior han generado un efecto devaluacionista del peso colombiano, al punto que la tasa de cambio se ha ubicado en niveles superiores a $1.800.
Además, una mayor intervención por parte del Emisor, con compras de US$700 millones entre lo que resta de agosto y septiembre, ha alimentado mayores expectativas devaluacionistas.
Además, se ha observado un menor dinamismo en las exportaciones, que en junio cayeron 1,9%, mientras que un entorno de desaceleración de la economía global mantiene expectativas de crecimiento moderado en las ventas al exterior, sin generar suficiente oferta de dólares en la economía. Un motivo para esperar una mayor alza de la divisa.
También se ha observado en lo corrido del año una reducción en los préstamos netos al sector público y privado en un panorama más restrictivo al financiamiento externo, tras un escenario de enfriamiento económico global y deterioro en los balances de varios bancos internacionales. Esto mantiene expectativas de menores flujos de capital que reducen la probabilidad de caídas importantes en el dólar.
Así, se puede vaticinar un comportamiento alcista, sumado a los efectos que generarían mayores niveles de estrés de los mercados externos y preocupaciones por un enfriamiento global. Por tanto, niveles cercanos a $1.800 por dólar pueden considerarse atractivos para compra cuando podemos esperar un cierre para final de año entre $1.900 y $1.934. Sin embargo, hay que estar atentos a medidas de mayor estímulo por parte de la FED y el Banco Central Europeo, que podrían moderar su tendencia alcista.
* Cristian Lancheros, Acciones & Valores.