Siempre se ha hablado de la gran responsabilidad de los directores de bancos centrales del mundo y de cómo su trabajo los catapulta a ser vistos como unos de los hombres más poderosos.
Nadie puede objetar la importancia de Alan Greenspan para los gobiernos de Reagan, Clinton y por supuesto de los Bush, así como el vital trabajo de Paul Volcker en los 80 para salvar la economía más grande del mundo de una insostenible inflación que alcanzó un pico de 13,5%, y de la recesión que la arrastraba a un terrorífico estado de estanflación.
Se podría decir que EE.UU., por su carácter de principal potencia, les ha dado un mayor protagonismo a sus banqueros centrales. Sin embargo, recientemente se podría decir que el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, ha superado en protagonismo al actual presidente de la FED, Ben Bernanke, no sólo por sus agresivas decisiones de recortar las tasas apenas se posesionó (y contradiciendo en cierta manera a su antecesor Jean Claude Trichet), sino también porque la economía mundial pende del hilo de las decisiones que él pueda tomar para salvar la resquebrajada Eurozona.
El mundo espera con ansiedad nuevas medidas del BCE que estimulen la economía del Viejo Continente; y aunque no hay una fórmula probada para sacar a Europa de su actual situación, seguramente la agresividad y la dirección que le ha dado Draghi como timonel de la región sea la única esperanza que le queda al mundo para ver la recuperación de una economía que sigue afectada por la crisis mundial, ya cerca de cumplir su primer quinquenio.
*Francisco Chaves, Corredores Asociados