Muy lejos están Londres y mi Cereté de la infancia, pero algo me la hace recordar, y tiene relación con la naturaleza. Londres, 5 de julio. La Cereté de mis ancestros era una fuente de vida, un paraíso ecológico, un parque natural que disfrutábamos por la limpieza, la pureza del agua y sus bien cuidadas zonas verdes, verdaderos pulmones de la ciudad. También por el civismo de su gente, que era admirable.
En las calles de Londres no encuentra uno canecas para la basura, pero tampoco encuentra basura para las canecas. La limpieza es total, en todas partes. Los pobladores de esta inmensa urbe, cruce de caminos del mundo, guardan las basuras y luego las depositan en los lugares adecuados, que son pocos. A pesar de este cuidado individual el sistema de aseo está en permanente actividad, para retocar la faz de la ciudad, del mugre natural que se forma por el trajín humano.
Este es un mensaje para el mundo: los Olímpicos han sido montados sobre ejes que benefician a la sociedad, como el del respeto por la naturaleza, la inclusión y la sostenibilidad. Y este mensaje nos impacta más a los colombianos, porque somos los responsables de la suciedad en nuestras calles y en los lugares públicos, gracias a que carecemos de una cultura que comienza con la toma de conciencia.
La limpieza hace agradable el tránsito por Londres, en nuestro trajinar en los Juegos, no obstante el incesante y a veces insoportable ajetreo por las vías públicas, y por esa maravilla del metro, que ha derrotado ampliamente al transporte particular. Y qué envidia con los londinenses por ese sistema masivo de transporte, que solucionaría todas las dificultades de movilidad en ciudades como Bogotá. Aunque nos hemos perdido, como ocurre en cualquier lugar del mundo, en Londres, la señalización también es perfecta.
Los Olímpicos no son sólo deporte. Son enseñanzas de culturas más avanzadas, de las cuales tenemos que aprender.