Si hay algo que toca reconocerle a la selección de Argentina fue que tuvo paciencia para alcanzar la anotación del triunfo ante Uruguay, por medio de Sergio Agüero.
Pero eso no desconoce que al equipo le faltó determinación y agresividad en el juego. En el fútbol, la agresividad significa buscar el resultado con las piezas individuales en el uno contra uno; la determinación que tenga cada futbolista para encarar al rival y la fuerza con la que enfrenta cada pelota. Además, la selección de Argentina no pudo cerrar el juego después de convertir el primer gol, que irónicamente se caracterizó por la agresividad que tuvo Agüero para ir a buscar la pelota en el fútbol aéreo, ganándole la posición al defensor para luego enviar la pelota al primer palo del arquero uruguayo Fernando Muslera. También hay que tener en cuenta que la selección de Uruguay se llevó a Argentina, no tanto por el manejo del balón, sino por el juego frontal y los cambios de costado que practicó durante el partido. La celeste le complicó el juego a Argentina sin ser un equipo ofensivo. Los charrúas atacaron a la albiceleste cuando el resultado lo pedía, cuando ya estaban por debajo del marcador. Uruguay buscó el resultado más por necesidad que por convicción. Pasó por encima de Argentina, que luego de ir ganando tuvo los mismos inconvenientes que en el partido ante la selección de Paraguay. El cambio de Javier Pastore por Éver Banega no fue suficiente para controlar la ofensiva uruguaya, que al final no logró anotar por las buenas intervenciones del arquero Sergio Romero. Al final, Argentina justificó el resultado con la mínima diferencia en su segundo partido de esta Copa América, pero debe aprender a dar la estocada final en los partidos para no terminar sufriendo, como ha sucedido en estas primeras jornadas. Gustavo Alfaro, Gol Caracol.