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El ilustre visitante de la Escuela de Caballería

25 de mayo de 2020 - 12:42 p. m.

Por: Miguel Villa Uribe

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De todas las ambiciosas apuestas electorales de Álvaro Uribe Vélez, ninguna se acerca ni a los tobillos a lo que ha hecho para convertir a su protégé, Andrés Felipe Arias, en un mártir vivo de la República. Todo empezó en 2009 cuando el entonces procurador, Alejandro Ordoñez, abrió investigación disciplinaria contra Arias por su participación indebida en la adjudicación de los subsidios de Agro Ingreso Seguro. Para ese momento, Arias ya no ocupaba el cargo de ministro de Agricultura, dado que necesitaba retirarse de cualquier cargo público para poder aspirar a una candidatura presidencial de la mano de Uribe Vélez.

Año y medio más tarde y después perder la posibilidad de ser el candidato presidencial debido a lo que desató el escándalo, la Procuraduría lo encontró culpable, con lo que se le destituyó e inhabilitó por 17 años en cualquier cargo público. Subsiguientemente, la fiscal del momento, Viviane Morales, le imputó los delitos de peculado a favor de terceros y firma de contratos sin cumplir los requisitos legales, y adicionalmente lo acusó de usar el programa (AIS) de “plataforma política para su campaña presidencial”. Como medida cautelar fue enviado por primera vez a su actual residencia, la Escuela de Caballería, donde alcanzó a estar por dos años, hasta que su defensa logró la libertad provisional por no representar un peligro para la sociedad mientras esperaba el veredicto final. Oportunidad que aprovechó para volarse del país, hacia EE. UU., al filtrarse la decisión condenatoria de la Corte Suprema de Justicia, por los delitos de peculado a favor de terceros y celebración de contratos sin cumplimiento de requisitos legales.

Ya desde EE. UU. reapareció Andrés Felipe Arias cuando se conoció la sentencia, y empezó el revuelo mediático, donde pedía asilo político por ser víctima de la persecución política del gobierno Santos. Lo cual era absolutamente absurdo, ya que las dos personas que lo condenaron, una era de su mismo partido político, Alejandro Ordoñez, y la otra, Viviane Morales, una persona muy cercana al uribismo, tanto así que hoy en día es embajadora en Francia por nombramiento de Duque. En ese momento, como es de oficio de la Corte Suprema, requirió al Gobierno que Arias fuera pedido en extradición a las autoridades de EE. UU. para el cumplimento de su condena, lo cual tardó un rato más debido a que el gobierno americano decide darle asilo provisional, mientras investiga su estatus. Luego de hacerlo, el juez estadounidense nuevamente consideró que la prueba era contundente y debía ser extraditado, y no había razón para creer que había una persecución política por parte del gobierno colombiano; con esto se aprueba la extradición del exministro rumbo a Colombia.

Después de todos estos ires y venires, Andrés Felipe Arias llega a Colombia en las condiciones más discretas posibles; quiero aclarar que jamás en mi vida había visto que un extraditado llegara a Colombia y no existiera ni tan solo una imagen del delincuente esposado, como lo hemos visto en muchas ocasiones en los noticieros. Lo cual parece buscaba algo más obvio, que Arias no fuese percibido como un delincuente condenado. De ahí fue enviado nuevamente a la Escuela de Caballería, donde espera a que la maquinaria de Uribe logre su libertad como si se tratara del Nelson Mandela colombiano. Hay que agregar que al mismo tiempo que todo esto ocurre, el Consejo de Estado ratifica y deja en firme la condena de Arias por parte Alejandro Ordoñez.

Ahora lo que busca su equipo de defensa es que se le dé una segunda instancia, procedimiento con el cual la ley colombiana no cuenta, ya que La Corte Suprema de Justicia es la autoridad máxima al respecto; sin embargo, en el habitual choque de trenes, la Corte Constitucional le aceptó a Arias una tutela para buscar evaluar la posibilidad de una segunda instancia, tema que podría ser muy peligroso, porque abre la puerta para pedir esta segunda instancia en todos los procesos que se iniciaron en la Corte Suprema. Es importante acotar que esto ha generado la ira de Corte Suprema, quien expresó estar en desacuerdo con la decisión de La Corte Constitucional.

De aquí en adelante lo único que queda, bajo un escenario normal, es que el proceso vuelva a ser revisado por la Corte Suprema, y su condena sea ratificada nuevamente; pero lo que no se va es la formidable diligencia que ha tenido Álvaro Uribe para poner patas arriba la justicia en pro de postular como candidato presidencial a Arias. Y es que en cierta medida se entiende, el partido Centro Democrático carece de líderes naturales para suceder a Iván Duque, y Uribe ve, en él, el candidato perfecto, el que logró superar todas las “injusticias” del gobierno Santos para llegar a la Presidencia. Como ya conocemos, Santos termina siendo el chivo expiatorio favorito del partido en todos sus inconvenientes, y nada puede estar más lejos de la realidad que una persecución por parte de ese gobierno a Andrés Felipe Arias.

Como ya hemos visto entonces, Arias fue condenado por su propio copartidario, ratificado en este Gobierno por el Consejo de Estado, nuevamente condenado por la Fiscalía, que encabeza otra persona cercana al uribismo, hallado sospechoso y extraditado por otra democracia hacia Colombia; y ahora tendrá que ser nuevamente ratificado. Mejor dicho, en total seis actuaciones judiciales diferentes, si sumamos la tutela que le fue aceptada, para que no digan que no se le han dado todas las garantías que exigen. Este caso ha tenido una trascendencia política nunca antes vista en el país, básicamente es hacer hasta lo imposible para demostrar una inocencia inexistente, para convertir una persona en presidenciable. En todo caso, si todo esto no es suficiente prueba, de verdad que no me explico qué pueda serlo.

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