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Borrar con el codo lo hecho con la mano

06 de octubre de 2014 - 08:25 p. m.

La cultura de los pueblos es el lecho de ese extenso mar donde se encuentran y mezclan la democracia, el desarrollo, la paz y la prosperidad. Por eso es un crimen atentar contra ella.

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Cuando en una obra compleja y con elementos positivos aceptados por la mayoría por ser una solución de movilidad, defensa costera y paisaje, se genera una reacción radical de un sector de la ciudad de Cartagena, es porque hay algo que se hizo veladamente o sin socialización clara.

Impuesto por el consorcio Vía al Mar, la ANI y la ANLA, el puente de Marbella es un terraplén o elevación en concreto que a todas luces desentona con el objetivo estratégico de la obra aprobada: la construcción de una vía de 4 carriles mediante un relleno de las aguas que no obstruyera la visual del paisaje marino y el acceso de la gente al mar.

Así nació la solución vial de un deprimido o túnel en un sector del enorme relleno autorizado y también, en contrasentido y sin consulta, la eliminación de 400 mts de paisaje marino en el empalme con la avenida Santander. De allí la justa reacción. El derecho al paisaje no es un juego, en un territorio apropiado afectivamente cimenta la cultura, por eso es un Patrimonio Común que el Código de Recursos Naturales protege.

Pero aquí en Cartagena no se respeta. La Popa con los edificios de “Manggattan” y las grúas pórtico ya casi ni se ve. OPE hace con los árboles y el espacio público lo que le viene en gana. El Castillo de San Felipe ha estado acosado, levantada la limitación de altura, el Hotel los Corales se comió una buena tajada del paisaje y desde el puente de los Crustáceos ya no se ve el mar. Nadie paga tasa retributiva ni compensatoria consagradas en la ley 99/93. En este caso tiene que existir una solución constructiva viable que reduzca al máximo posible el irreversible y absurdo impacto, sin que se perjudique la finalización de esta útil y gran obra.

Solución es lo que necesitamos, y sobre todo !ya! No es para cuando se hayan impuesto y pasado por encima de la comunidad activa y pasiva. No se construye democracia irrespetando la ley y el patrimonio colectivo, el valor que tiene para el ciudadano el deleite de uso del mar y la visual del horizonte y sus aves. Marbella no puede terminar convertida en un muro gris que se eleva por un terraplén impuesto a los cartageneros.

La creatividad es un don de la inteligencia humana y resulta irrespetuosa la respuesta del consorcio y los funcionarios, al decir que sacrificar casi medio kilómetro es poco, que se compensa con el resto de la obra y que al subir el puente podrá verse el mar.

No es como afirmó el viceministro de Ambiente que la obstrucción visual de 400 mts “es un detalle del diseño no tenido en cuenta cuando se expiden las licencias ambientales”. Lo que no dicen es que están ahorrando al construir un puente barato y trasladando el pasivo ambiental al capital natural y al patrimonio colectivo. Si existiera un estudio de impacto ambiental y la licencia “aprobada” por la ANLA fuera rigurosa, en esa zona de acreción de arenas se hubiera optado por un puente transparente de vigas y estribos. Tan importante es el detalle de una obra que el ministerio no ha querido dar licencia ambiental a la vía en el sector de Playetas en Barú.

Es un despropósito que el “posible” impacto negativo se compensa con espacios visuales recuperados en la zona costera de Crespo. La filosofía de la vía nueva era proteger la visual que existía, no su obstrucción. No se borra con el codo lo que hace la mano.

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No le demos más vueltas, lo que requerimos es el puente transparente ¡ya!, un rediseño que respete el patrimonio colectivo y valore la esencia de la cultura caribe. 

*Rafael Vergara

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