La muerte va y viene, amaga, se retira o cumple su cometido. Estas montañas paisas han recibido maltratos por doquier: incendios y tala de árboles son las cicatrices de lo que ha hecho el ser humano. También han tenido la mala fortuna de acoger a miles de muertos porque en sus entrañas reposan los recuerdos de personas desplazadas, desaparecidas y accidentadas en siniestros aéreos. Las montañas son el símbolo de este terruño al que le han cantado los mejores himnos y las más bellas y trágicas poesías por sus enigmáticas formas y colores. La montaña, como la selva, el río, el mar y otros lugares naturales, son relatados por escritores, poetas e historiadores porque son lugares de acogida, de muerte salvaje y de cuentos de hadas que terminan en tragedia y de tragedias que terminan en cuentos de hadas.
Es una condición que le pone Natura a los seres humanos. Nacional no había vivido un año de tanta felicidad, pero, paradójicamente, vive esta experiencia amarga de la pérdida de 71 personas en una montaña paisa, inocente, salvaje, agreste, oscura y, al tiempo, simple, silvestre y dulce. Nacional es el campeonense del 2016 y Chapecoense es el equipo Nacional de Brasil porque estos vacíos y dolorosos instantes se quedaron para siempre en estas breñas antioqueñas. Nacional recibió el premio del juego limpio y Chapecoense espera su trofeo en una dimensión desconocida por la racionalidad humana porque es un trofeo de lo que no podía pasar pero pasó. Volver a un estadio será soñar con los miedos que implica abordar un avión. Otro partido entre los dos equipos, otros jugadores, la misma pasión.
El homenaje que se hizo en el Atanasio Girardot es el mejor pretexto para inferir que el fútbol es un fenómeno que no se ha terminado de inventar pero que tiende hilos indestructibles de fraternidad en la derrota y en el triunfo. Un gol no basta para conjuntar los corazones porque detrás del gol están los seres humanos, los que juegan para vivir y viven para jugar. Juntar dos países, dos banderas, dos equipos y dos hinchadas es la muestra fehaciente de que fútbol y muerte son hermanas menores de la vida. Verdes colores como verde la montaña en la que quedó la chatarra de un avión que nadie escuchó porque primero estaba el delirio y la ambición de un ser humano. Este 28 de noviembre nos recordó los momentos de tristeza cuando oímos de la muerte de Juan Osvaldo Zubeldía y la de Andrés Escobar: dos campeonenses con Nacional. Sentí como si mi mamá se hubiera muerto… otra vez.