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¿Caspa yo?

30 de enero de 2018 - 11:17 p. m.

Cada vez se leen y escuchan más noticias acerca de como los robots están desplazando al ser humano en casi todas las actividades. Es así como los cajeros, los porteros, los ascensoristas y hasta las parejas, por citar sólo unos casos, ya no existen o están en vías de extinción, pues las máquinas los están remplazando. Y es que el asunto, salvo las consecuencias de orden laboral, no necesariamente es malo. Piénsese, por ejemplo, lo agradable que sería llegar al edificio y que un aparato que tutea correctamente, que no tiene por misión hacer la vida imposible, que da instrucciones precisas y sin repetirlas y que está programado en el “modo simpatía” sea el que lo reciba a uno. Buenísimo. Por si acaso, valga precisar que se está haciendo referencia a una “máquina portero” y no a una “máquina pareja”.

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Y es que el mundo del derecho no es ajeno a este fenómeno pues en las cuestiones jurídicas la tecnología cada vez juega un papel más importante. Es por ello que elementos, términos, características y actividades del ejercicio profesional de antes han desaparecido o tienden a ello. Ejemplos de esto, por recordar algunos casos, son la expresión “en puertas” que ya no se utiliza por cuanto el reparto manual fue remplazado por el sistematizado; el cargo de citador, cuya gestión viene siendo asumida por las “notificaciones electrónicas”; el papel carbón, la plastilina limpia-tipos y la máquina de escribir, que fueron desplazados por los computadores personales y las impresoras láser; la agenda y el folder de hojas sustituibles, para anotar el estado de los procesos y las fechas de las diligencias, que dieron paso a las “tablets”; la gabardina y el paraguas, en los hombres, o el abrigo y la cartera en las mujeres, de la otrora profesión más elegante; y otra, que no era “de uso” exclusivo de los abogados pero que sí resaltaba sobremanera en sus trajes oscuros…, la caspa. No obstante hay características que hoy día, con la convulsión que ataca a nuestra sociedad se extrañan porque se han perdido y, lo más grave, es que no se ve próximo su remplazo ni siquiera con ayuda de los robots. Dos de ellas son: la rectitud y las buenas maneras. Por eso con nostalgia se añora al abogado y a la abogada de antaño, al caballero y a la dama, especialmente cuando el derecho no entró por los ojos sino a través del tetero, como nos ocurrió a algunos que tuvimos el privilegio y la fortuna de contar con el maestro o la maestra en la casa.

Y hablando de cuestiones de máquinas y de humanos, un bogotano muy cachaco solía apuntar: “¿En qué se parece una chimenea a una señora? En que la chimenea humea. Y la señora…, u mea u se totea”.

Germán Axel Navas, magistrado auxiliar del Consejo Superior de la Judiciatura.

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