El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Ciencia y política

20 de julio de 2020 - 08:01 p. m.

En un artículo anterior publicado en este mismo medio, concluí que la conciencia ciudadana (ética y política) se forma con la fe y la ciencia. Hoy agrego: con la fe en la ciencia y en la política. Ambas entendidas como el arte de garantizar el bienestar de los ciudadanos de las polis. Ahora bien, hoy las polis no son solo las ciudades de los antiguos griegos, sino que se declina en términos de Municipio, Departamento, Nación, Continente y Cosmópolis.

PUBLICIDAD

Hay una polis nacional que, con todos sus límites y errores, ha sabido combinar la política y la ciencia para superar internamente esta pandemia y ofrecer su experiencia al mundo.

En marzo del 2020, Italia vivía la peor situación de COVID en el mundo con un promedio de mil muertes al día. Fue el primer país occidental asaltado por el virus y el primero en adoptar decisiones políticas que sorprendieron al mundo: confinamiento total obligatorio. Escándalo: una de las mayores democracias del mundo encierra a sus ciudadanos en casa. No sorprendía que lo hiciera China pero sí que lo hiciese Italia. Claro, las constituciones democráticas contemplan la posibilidad de suspender algunos derechos como la libre circulación y asociación en el marco de un Decreto de Emergencia que fue inmediatamente declarado en Italia para consentir medidas restrictivas como el confinamiento coacto. Además, en el marco de la Emergencia, adoptó subsidios y planes económicos de contingencia para los más vulnerados. Durante la Emergencia, nadie puede ser despedido de su empleo ni sacado de su casa por retardo en pago de arriendo y/o servicios. Los servicios públicos de los pobres los asumió el Municipio, la Provincia o la Región. Claro, allí los servicios públicos son realmente eso: públicos. Sin embargo, todas las medidas son necesarias pero insuficientes porque la política es el arte de administrar y distribuir los bienes perennemente escasos. La cobija es siempre corta.

Mientras tanto, por el lado de la ciencia, Italia fue el primer país en identificar y aislar el ADN del virus en el Hospital Spallanzani de Roma. Hoy la vacuna anti COVID-19 más avanzada es la de la Universidad de Oxford (Reino Unido) y la Farmacéutica AsraZeneca de Italia. De hecho, hace pocos días el ministro italiano de la Salud, con un prometedor apellido (Speranza), anunció que, muy probablemente, para fines de octubre la vacuna circulará en Europa y para fines de noviembre o inicio de diciembre en el resto del mundo. Hoy la mayor parte de los esfuerzos científicos, financieros y políticos se concentran en esta vacuna que está en su última fase experimental (la fase 3 de 3). Estos esfuerzos son de la política pues muchas naciones y las organizaciones internacionales han hecho pactos de cooperación para apoyarla y agilizarla; de la ciencia, pues el equipo de científicos y voluntarios son de todo el mundo, de algunas multinacionales farmacéuticas y de otros sectores que la financian. Aunque naciones como los Estados Unidos se han aislado. Estos esfuerzos de cooperación internacional deben persistir en la fase igualmente delicada: la distribución de la vacuna a toda la cosmópolis. Creo que sólo los organismos internacionales multilaterales como la ONU (OMS), la Unión Europea, la OEA pueden garantizar el acceso universal a un bien público global como la vacuna anti COVID-19. De hecho, ya los países de la Unión Europea han creado un pacto para la distribución gratuita de la vacuna en Europa y, luego, en consenso con la OMS y algunas multinacionales, en el mundo.

Italia ahora parece haber controlado el virus con un promedio de 120 nuevos contagios y 12 fallecidos al día. Ya abrió gradualmente buena parte de su economía incluyendo los vuelos nacionales, europeos y extra-europeos con algunas excepciones. Está abriendo el turismo que es el alma de su economía. En la fase más dramática del virus en Italia, todos los partidos de la mayoría a pesar de sus diferencias y algunos de la oposición se unieron para afrontar la crisis. Sólo los de extrema derecha (Lega e Fratelli d’Italia) hicieron obstruccionismo pidiendo las elecciones en plena pandemia porque las encuestas desde antes de la crisis los premiaba. Los ciudadanos cantaban en los balcones de sus casas y exhibían pancartas con: Andrá tutto bene. Los médicos y enfermeros del Sur poco contagiado se fueron voluntariamente para el muy contagiado y letal Norte lombardo. En materia de fármacos inhibitorios, en espera de la vacuna, también Italia nos ofrece un descubrimiento sobre la Lactoferrina. Se trata de una proteína que impide el avance del virus en los contagiados y previene el contagio. El experimento científico se hizo por dos universidades de Roma: La Sapienza (Roma1) y Torvergata (Roma2).

Hoy Colombia está ascendiendo dramáticamente en contagios y muertes. Seguramente hay responsabilidades, errores y culpas en todas las administraciones locales y nacionales. Pero, así como en Italia, hoy más que nunca, también aquí, hay que combinar la ciencia con la política. Para ello hay sólo una estrategia: la cooperación nacional e internacional como expresión de nuestra fe en la Ciencia y en la Política. Por ejemplo, hoy los que han avanzado en la vacuna buscan voluntarios de los países con alto contagio para esta fase 3 dispuestos a aplicarse experimentalmente la vacuna. Modestamente, ofrezco mi disponibilidad asumiendo los eventuales riesgos en nombre de un bien supremo universal: la salud. Porque, así como lloré los Idus de marzo en mi amada Italia, lloro ahora los Idus de julio en mi amada Colombia. Además, así confirmo en la práctica mi fe en la Ciencia y en la Política. También en la Ciencia política.

* Profesor de la Universidad del Norte

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias