EL CAMBIO DE ACTITUD DE ALGUnos sectores del establecimiento, de las Farc y de la sociedad colombiana es una buena razón para ser optimistas frente al proceso de paz. Quisiera referirme a tres hechos que podrían refutar mi argumento.
Primero, Semana sostiene que en los cocteles del ‘estrato 18’ de Bogotá sobresale cada vez más el antisantismo debido al escepticismo generado por el proceso de paz. Segundo, los negociadores de las Farc declaran no estar satisfechos ni con el informe del Centro de Memoria Histórica, ni con la actuación de Santos; consideran que es necesario establecer una comisión internacional imparcial para revisar y complementar el informe. Tercero, Somos Defensores muestra en su informe que 37 defensores de derechos humanos han sido asesinados, ocho más que en el 2012. Sólo hay una condena; en los 36 casos restantes no hay investigaciones en curso, mientras que no se conocen los perpetradores en 26 de los asesinatos.
Lo anterior podría interpretarse como que establecimiento y Farc no han cambiado y no hay garantías para alcanzar la paz.
A pesar de que a veces a la delegación de las Farc le hace falta grandeza, su comunicado es valedero. El problema es la miopía que les impide reconocer la importancia de que Santos haya aceptado la responsabilidad del Estado en graves violaciones a los derechos humanos. Hay que organizar una comisión independiente y se deben hacer reformas estructurales; sin embargo, durante las negociaciones de paz es necesario tener grandeza y reconocer las decisiones acertadas de la contraparte. Esta falta de grandeza debe ser una voz de alerta para las Farc.
Los asesinatos de defensores de derechos humanos muestran los retos para ofrecer garantías a todos los colombianos. La estigmatización de las protestas sociales genera un ambiente negativo para el respeto de los derechos humanos. A este respecto el Gobierno ha cometido errores. No solamente ha estigmatizado las protestas (como orquestadas por las Farc), sino que también ha convertido la protección de líderes sociales –un tema de garantías políticas– en un negocio de seguridad privada. Esta falta de coherencia no implica que el proceso de paz esté fracasando, sino que es necesario un discurso lleno de entereza por parte del Gobierno para construir garantías políticas.
Los cocteles en Bogotá no demuestran que el establecimiento esté en bloque en contra de la paz. Más bien, muestran la fragmentación de la sociedad. Así como hay un sector del establecimiento que está dispuesto a pagar el precio de la paz, hay otro que es más reacio. No obstante, élites reformistas han descifrado con audacia el papel que pueden jugar hoy para pasar a la historia. Hay que alimentar el altruismo de dichos sectores para que se comprometan de lleno con las negociaciones.
Alcanzar la paz no es fácil; ser optimista es ver la realidad en perspectiva y hacer sugerencias para que todos los actores cuestionen sus posiciones y actitudes. En este sentido, las Farc deberían mostrar más grandeza; el Gobierno, más entereza, y varios sectores de la sociedad colombiana, ser más altruistas. Compartiendo estas actitudes la sociedad estará preparándose para en un futuro cercano resolver sus conflictos pacíficamente.
* Investigador Asociado, Centro de Criminología (Universidad de Oxford), Centro de Investigación en Conflicto y Seguridad (Universidad de Sussex) y Centro Nacional de la Memoria Histórica.