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Cobraron vida

07 de enero de 2014 - 06:31 p. m.

Sentía una dulce ansiedad desde que supe que las hermanas Labèque eran artistas invitadas al Cartagena Festival Internacional de Música, ahora después de escucharlas el sentimiento me resulta mejor que cualquier experiencia narcótica.

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Es extraño cruzarse con artistas con un dominio absoluto de la técnica instrumental, de esos a los que uno no les encuentra el quiebre, y que transmitan en el escenario una energía tan chispeante. Degustar el trabajo de este par de hermanas demuestra que la sobriedad y distancia del concierto clásico están mandadas a recoger.

Con la trascripción para piano de Nubes y ferias, de Claude Debussy se abrió el recital. La manera como tocaron durante sus cinco presentaciones en el evento demuestra la perfecta comunicación producto del trabajo mutuo. A cuatro manos continuó el recital con la colección de piezas breves Mamá Oca, de Maurice Ravel, una inigualable interpretación que pudo compararse con la versión ampliada de la Orquesta Orpheus durante la Noche Francesa del Teatro Adolfo Mejía, me permitió constatar que el dominio de los recursos del piano hace que no toque sino que pinten verdaderos cuadros, esta vez inspirados en oriente.

Junto con el Cuarteto Manolov y un grupo de músicos invitados entre los que se encontraba Gabriel Mirabbasi en el clarinete, concluyó el recital con el divertido Carnaval de los animales, de Camille Saint-Saëns. La complicidad entre amigos fue el ingrediente principal de esta ejecución. Los numerosos detalles espontáneos hicieron de la experiencia toda una comedia. Las mismas Katia y Marielle Labéque desordenaron los aplausos cuando una de las partes a dúo les parecía sobresalientes; el elefante, el cisne o los fósiles las más aplaudidas.

Una oportunidad en que las fábulas salieron de paseo por La Heroica y cobraron vida en sus viejas calles coloniales. Como mencionó Katia Labeque antes de partir “para mí Cartagena es un nombre mágico, su historia indígena y negra me recuerda a Venezia, un lugar en el que se mezclan las civilizaciones”.

 

Álvaro Tinjacá  músico*

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