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Colombia: 9 años después

02 de mayo de 2014 - 10:24 p. m.

Me ha sorprendido el pesimismo de los colombianos en Colombia. Después de casi nueve años en el Reino Unido, hace tres meses volví. Leo y escucho a columnistas y a gente del común, y entiendo su preocupación, su afán, para que Colombia se convierta en un país lleno de oportunidades. Sin embargo, esta Colombia me parece distinta.

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Hasta hace muy poco en el imaginario de los colombianos este país estaba dividido entre los terroristas y la gente de bien. A pesar de que Santos estaba llevando a cabo negociaciones secretas con las Farc en los grandes medios de comunicación era impensable considerar a las guerrillas como actores políticos. Hoy Santos ha puesto en el centro del debate nacional el carácter político de la lucha armada.

Este es un logro inmenso. Muchos sectores olvidan, pero entre 2002 y 2010 Uribe se encargó de convencer de que en Colombia no había un conflicto armado. Gracias a un discurso reiterativo muchos colombianos terminaron pensando que para fortalecer la democracia había que exterminar la amenaza terrorista.

En este contexto no sólo era casi imposible discutir la posibilidad de una negociación con las guerrillas, sino que el reconocer el carácter político de las Farc era un signo de desconfianza. No he hecho una revisión de cuántos foros se organizaron para hablar de las lecciones aprendidas en previos procesos de paz y los retos de una negociación, pero me atrevo a decir que tan sólo en abril de este año se organizaron más conferencias que durante la década 2002-2012. En estos eventos he visto representados todos los sectores de la sociedad colombiana y he confirmado el apoyo de la comunidad internacional.

Precisamente en ese proyecto de construcción de paz, y quizá porque al parecer los equipos negociadores en La Habana pronto empezarán a discutir el tema quinto de la agenda, las organizaciones de víctimas han adquirido un papel central. He visto mujeres y hombres víctimas que privilegian la verdad sobre el castigo penal, al mismo tiempo que otros no están dispuestos a perdonar si los victimarios no se arrepienten y pagan cárcel. He hablado con aquellos que han perdonado sin saber la verdad y aquellos que a pesar de saberla no lo han hecho. Todos a pesar de sus diferencias se sientan a hablar de la importancia del proceso de paz. Creo que muy pocas víctimas se oponen.

Sé que la mayoría de colombianos no participan en estos espacios y sólo se informan a través de los medios de comunicación. Quizá su incredulidad frente al proceso de paz se debe a la falta de información, que aprovechan los estrategas publicitarios de las campañas para transmitir mensajes sin sustancia, como “paz sin impunidad” y “dale un chance a la paz”. Antes que repetir los eslogans, valdría la pena que estos colombianos fueran más proactivos y menos pesimistas frente a este momento histórico.

A mí me llena de optimismo que en Colombia se reconozca a las víctimas del conflicto armado, que el Estado haya empezado a pedir perdón por su responsabilidad en graves violaciones a los derechos humanos, que instituciones gubernamentales participen en foros para hablar del derecho de las víctimas con las víctimas y de participación política de excombatientes con los demandantes del Marco Jurídico para la Paz y excombatientes, y que iniciativas de reconciliación desde la sociedad civil estén proliferando.

 

*Andréi Gómez-Suárez

 

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