Colombia se ha acostumbrado a seguir de cerca las elecciones en el vecindario. Venezuela y EE.UU., especialmente, tienen una amplia cobertura.
Sin embargo, en los últimos años ha crecido el interés por elecciones en Argentina, Brasil y Uruguay, que aunque no tienen un impacto directo en el país, o no tan visible, sí son claves en el proceso de integración con el Cono Sur.
Uruguay no aparece dentro de las prioridades de Colombia en la región, pero el proceso democrático que vive sí es clave para el Estado colombiano en el corto y mediano plazo. Aunque la relación comercial no se pueda comparar con la de EE.UU., Ecuador, o Venezuela, Colombia se pregunta si le conviene que la izquierda uruguaya se siga consolidando o si, por el contrario, le vendría mejor un cambio de color político. A pesar de las interpretaciones que apuntan a un vecindario hostil a los intereses de Colombia por la mayoría de gobiernos de orientación socialista o de izquierda, esto se ha convertido para el país en una oportunidad.
De hecho, el Gobierno en los últimos años ha sacado provecho de esta condición en dos dimensiones. Primero para afianzar su relación con Washington, pues resulta apenas obvio que EE.UU. identifique a Colombia como uno de los más cercanos ideológicamente, y segundo, porque el afianzamiento de la izquierda democrática en el continente demuestra la poca vigencia del discurso guerrillero que sigue apelando a la violencia como instrumento político.
La izquierda uruguaya y en particular durante el gobierno saliente de José Mujica apoyó de frente el proceso de paz con las Farc. Es más, el solo hecho de que un exguerrillero hubiese triunfado en elecciones libres en un país que vivió durante años bajo el gobierno militar, demuestra que la coalición de partidos de izquierda que conforman el Frente Amplio jamás tendría simpatía alguna con la guerrilla colombiana. La moderación que primó en el discurso del gobierno de Tabaré Vázquez hace unos años y de Mujica recientemente hace incompatible ese conjunto de ideas con las que proclaman las Farc en Colombia. Por ende, la continuación del Frente Amplio solo podría confirmar un ambiente regional de apoyo y legitimidad para el proceso de paz. Algo que le urge al gobierno de Juan Manuel Santos.
Con un eventual triunfo del opositor Luis Lacalle Pou, no se prevé un cambio drástico en la agenda binacional. Ahora bien, la llegada del candidato del Partido Nacionalista podría significar un retroceso en la apertura del debate sobre la legalización de la marihuana, política que Lacalle ha prometido modificar. ´Ël representa aún a los sectores que ven la necesidad de sancionar la oferta, una idea que probablemente tendrá que ser discutida en Colombia.
Es prudente recordar que Colombia prepara una seria reflexión en el eventual posconflicto sobre el tema. Al país le convendría, por tanto, un ambiente regional en el que se puedan discutir salidas alternativas al lucrativo negocio del narcotráfico. Uruguay es una oportunidad para el país, especialmente por el anhelo colombiano de convertirse en un líder regional, basándose en la moderación ideológica del discurso.
Mauricio Jaramillo Jassir *
Profesor U. del Rosario /