Con el regreso a la nueva actividad económica estamos esperando que el empleo, tanto el formal como el informal, comience a recuperarse. En efecto, según los datos del DANE, en agosto ya vemos una disminución en la tasa de desempleo con respecto a julio (16,8 % contra 20,2 % de julio), pero aún estamos muy por encima del 10,8 % que teníamos el año pasado. Al mismo tiempo, la participación laboral no se ha recuperado completamente, pues aún falta más de un millón de personas por reintegrarse al mercado laboral.
La reapertura estará sujeta a limitaciones importantes dadas por las medidas necesarias para evitar un nuevo contagio masivo y los efectos económicos de las cuarentenas anteriores, que quizás afecten la oferta y la demanda de la economía. Por esa razón es importante diseñar buenas políticas de reactivación económica.
En este proceso, el mercado de trabajo jugará un papel muy importante porque a través de él la mayoría de los hogares obtienen sus ingresos. Sin embargo, para lograr una adecuada recuperación del mercado laboral hay que ser muy cuidadosos en la fijación de objetivos, el diseño de estrategias y la provisión de los recursos necesarios en el momento adecuado.
El objetivo de corto plazo de la política laboral debe ser la creación de empleos nuevos, no necesariamente la disminución de la tasa de desempleo. Las tasas de desempleo pueden aumentar y disminuir por efectos de cambios en la tasa de participación. Por ejemplo, un regreso al mercado laboral de la población que dejó de participar por la pandemia puede aumentar en varios puntos la tasa de desempleo sin que esto esté reflejando un empeoramiento de las condiciones de la economía. Por eso el indicador de éxito en la política laboral de corto plazo debe ser la generación de empleo y no la caída de la tasa de desempleo (posiblemente en el largo plazo sí van en la misma dirección).
El Gobierno creó el PEAF (Programa de Apoyo al Empleo Formal) como una estrategia para evitar despidos en las empresas que tenían dificultades económicas. Según datos de la revista Dinero (septiembre 28) hasta julio el programa había girado $2,4 billones. Este programa no hace nada para favorecer la creación de nuevos empleos, solo para evitar su destrucción. Aún más, cuando las empresas dejen de afrontar caídas de más del 20 % en ventas el PAEF dejará de funcionar. En ese momento necesitarán apoyo para enfrentar el aumento de demanda.
Mi propuesta es que se debe crear un subsidio temporal a la generación de empleo nuevo. El subsidio se les daría a las empresas que aumenten sus cifras de empleo a partir de algún punto previamente definido. Más específicamente, se definen como empleos nuevos los que se crean a partir de una fecha relevante reciente. Los empleos existentes se pueden definir como los que hacían contribuciones a PILA en ese momento. Cualquier empresa que registre un nuevo trabajador a partir de ese día recibirá un subsidio del 40 % del salario mínimo, o sea $351.000 (el mismo subsidio del PAEF) por un período de hasta seis meses (o hasta cuando dure ese empleo).
Según mis cálculos, generar unos 600.000 nuevos empleos formales en un año puede costar alrededor de $1 billón. Estos empleos obviamente tendrían un efecto multiplicador sobre la economía y resultarían en una aceleración de la demanda agregada, facilitando la recuperación.
Como se dijo, el programa debe tener una duración limitada. En principio sería de uno o dos años, pero se puede extender o disminuir dependiendo de las circunstancias. Si no hay una sólida recuperación del empleo, tal vez la economía tampoco lo haga.
Ahora bien, este sería un programa coyuntural de corto plazo que de ninguna manera sustituye otros programas de apoyo, como los de generación de empleo a través de obras públicas, ni tampoco las importantes reformas que el mercado laboral necesita. Sobre eso el debate debe continuar.