Por Nicolás Penagos *
El Estado es el mayor comprador de muchos bienes y servicios, desde medicamentos y carreteras, hasta las flores que algunas entidades públicas entregan a sus colaboradoras creyendo así cumplida su tarea en el Día de la Mujer.
La OCDE calcula que las compras públicas equivalen a más del 13 % del PIB en Colombia. Excluyendo por un momento los contratos de prestación de servicios, este es un mercado gigantesco y un negocio extremadamente lucrativo para quienes logran hacer parte de él: los hombres y sus empresas. Se estima que solamente una de cada 100 empresas que ganan contratos es liderada por una mujer. Sin embargo, estas empresas ya contribuyen el 20 % al PIB mundial y se destacan en áreas tan diversas como la salud, los alimentos y los servicios de negocios. Así, el Estado constantemente pierde las ideas innovadoras de las emprendedoras haciendo que una y otra vez persista en comprar lo mismo, a los mismos.
¿Qué acciones se pueden tomar para solucionar esta evidente desigualdad? Lo primero es entender la necesidad de que sean las mismas mujeres quienes propongan ideas y de ponernos nuestros lentes de género. Existe evidencia fuerte que indica que perpetuar un mundo en el que los hombres diseñamos políticas desde nuestra propia perspectiva, y para lo que estamos convencidos que representa a toda la población, acarrea errores desagradables y hasta fatales, desde la lógica con que funcionan los sistemas de transporte urbano hasta el diseño de implantes cardiacos.
Esto aplica de manera especial a la contratación pública: ¿Qué condiciones se están exigiendo en las licitaciones actuales y qué tan incluyentes son estas hacia las mujeres? ¿Qué repercusiones específicas acarrea la ejecución de ciertos grandes contratos como las concesiones viales o mineras en la vida de las mujeres en las zonas impactadas por estos?
Para proponer soluciones, requerimos entender el tamaño del problema. La realidad es que en este momento no podemos decir con exactitud cuántas empresas son lideradas por mujeres, qué bienes y servicios proveen, cuánto le están vendiendo al Estado y, más importante, qué dificultades enfrentan para participar en el mercado más grande del país.
Responder estos interrogantes requiere avanzar en dos frentes. Primero, necesitamos información desagregada de mejor calidad. Colombia ya cuenta con uno de los conjuntos más completos de datos de contratación pública. Hoy se puede encontrar gratuitamente en línea y en un formato abierto y estandarizado, más de siete millones de contratos publicados desde 2011 en el SECOP. Además de seguir avanzando en publicar más datos, es necesario mejorar la calidad de esta información y publicar variables que permitan monitorear efectivamente indicadores de género en la compra pública. Así podremos saber qué entidades están mejorando y nos podremos comparar con otros lugares que están haciendo bien la tarea. Pues lo que no se mide no se puede mejorar.
Adicionalmente, necesitamos compromisos concretos, realistas y medibles de quienes pueden hacer un cambio. Las contrataciones públicas son una oportunidad importante para que acelerar el crecimiento económico inclusivo de las empresarias no sea flor de un día.
Para las mujeres necesitamos contratos, no flores.
* Gerente para América Latina de Open Contracting Partnership.