Por: Alberto López de Mesa*
Después del desalojo del Bronx, se dieron varios foros interinstitucionales, que al final no lograron transformar la manera fallida en que se atiende la habitabilidad en calle. Desde entonces es una diáspora sin control que evidencia el aumento y el desamparo de esta población. En vista de este panorama, la Representante a la Cámara Olga Lucía Velásquez decidió apoyar la creación de una cooperativa que acogiera callejeros talentosos.
En la idea participó la Asociación de Cooperativas (ASCOOP). Esta entidad capacitó a los 27 miembros fundadores de lo que hoy llamamos Coopetin, la primera cooperativa social en Colombia para el trabajo inclusivo. Su nombre es un homenaje al personaje gamín que creó en los 80 el caricaturista Ernesto Franco.
Coopetin ofrece servicios en varias líneas de negocios: acciones culturales con grupos de música, teatro, títeres y danza, reciclaje ecológico, programas de formación en protección del medio ambiente, cultura ciudadana, prevención a la drogadicción y hasta reparaciones locativas (albañilería, plomería, electricidad y jardinería).
Demostrando cumplimiento, seriedad y calidad en productos y servicios, esta cooperativa de ex callejeros se proyecta como un modelo de inclusión, que ha encontrado en la economía solidaria condiciones, inclusive terapéuticas, toda vez que la participación, con verdadero sentido de pertenencia, en las dinámicas del mercado y de la ciudad, abona la autoestima de sus asociados y contribuye claramente a transformar los imaginarios discriminatorios con que la sociedad se relaciona con esta población.
El gremio cooperativista, atendiendo el sexto principio que invita a la colaboración entre cooperativas, acogió con agrado las propuestas de Coopetin, entre otras razones, porque su ejemplo invita a participar en el desarrollo para superar vulnerabilidades en todas las regiones del país. Y más ahora, con la inminencia del posconflicto con las Farc, donde el cooperativismo tendría una oportunidad de oro, para mostrarse como una propuesta económica de paz, pertinente e idónea a la hora de ofrecer a los exguerrilleros reinsertados, modelos de organización solidaria que les facilite la participación equitativa y la integración sostenible a la vida social y a las dinámicas económicas aportando saberes, experiencias y productos.
En estos momentos aciagos del país, Coopetin nos devuelve la confianza en nuestra gente, nos devuelve la ilusión de pensar, que pese a los que odian, a los que se guían tan solo por la codicia y el egoísmo, hay muchos construyendo esperanzas.
*Alberto López de Mesa, arquitecto y habitante de calle