Mujeres, se los tengo que decir: ser feminista implica perderse para encontrarse.
Por Mar Candela*
Llorar muchas veces y algunas deseando morir para descansar de esta tragedia que es ser mujer en un planeta donde nos quieren sumisas, complacientes, sonrientes y entregadas a cambio de nada. O como al perrito que aprende trucos y está bien domesticado, nos darán galletitas premiando nuestro buen comportamiento. Nos darán espacios en la sociedad para que seamos aplaudidas por ser mujeres idóneas y ejemplares. De lo contario, nos someterán a exclusión, escarnio, hostigamiento e incluso violencia. Violación y/o asesinato.
Cada vez que hablo estas cosas recuerdo la voz de la primera mujer a la que le dije esto. Una amiga de hace ya casi dos décadas. Cargo conmigo su voz replicándome “¡pero qué trágica y dramática eres, Mar!”. Recuerdo que acto seguido dijo: “He sido una mujer valorada y reconocida. He tenido cargos maravillosos y también he decidido sobre todos los aspectos de mi vida y me parece que te revictimizas”.
Así continuó nuestra conversación, con mi peculiar cara de descontento que no puedo disimular así quiera. Le respondí: Hablemos de cosas elementales: ¿Cuánto has sacrificado de tus deseos personales para llegar a dónde estás? No hablo solo de no tener suficientes horas de sueño, ni tiempo para leer o ir al cine. Eso les pasa también a muchos hombres por algún tiempo cuando empiezan a abrirse espacio laboral. A nosotras nos pasa durante siempre en nuestra vida profesional; no obstante, hablo de tus deseos más íntimos, por ejemplo: Hace años dijiste que a los 40 querías ser madre de dos, que era tu deseo pleno. ¿Qué sucedió? Exclamó: «¡Eso es un golpe bajo, Mar!
Te diré lo que pasó, amiga mía, y si miento trabajo gratis una semana en tu casa limpiando». (Reímos de mi comentario). Pasó que tuviste que moldear tu carácter para ganar el respeto de todos tus compañeros y también para pilotear la envidia de todas tus compañeras que piensan que llegaste a ese cargo por ser “la amiguita de tuno” del superior en la empresa. Porque las mujeres en cargos relevantes y de poder no pueden bajo ningún motivo mostrar debilidad. Porque ninguna mujer puede llegar a un cargo de poder solo con sus talentos y capacidades profesionales. Eso lo dicta el pensamiento colectivo tradicional de la idiosincrasia colombiana y de todos los países donde tenemos remota posibilidad de ocupar ese tipo de cargos. Pasó que el precio de eso fue asustar con la reputación de bruja malgeniada y neurasténica a cada hombre que te gustaba para padre de tus hijos. Pasó que para demostrar que eras tan capaz como cualquiera de ellos triplicabas tu jornada por el mismo sueldo y así ser sensacional y lograr esos aplausos y ese reconocimiento del que tanto te ufanas. Y, espero estar equivocada, la empresa te ofreció un banco de óvulos para que fueras madre mucho después. Quizá a los 50. Cuando estés realizada profesionalmente y, obvio, con tiempo y dinero para dedicarte a tus hijos. Y dijiste que sí porque te sedujo esa visión, olvidando que querías que tus padres pudieran disfrutar de sus nietos, ayudándoles a crecer.
Dime que exagero al decir que hacerte las uñas, una mascarilla o un simple cepillado se te ha convertido en una tortura. Porque no lo puedes disfrutar y debes hacerlo de afanes. Que eso de disfrutar un saludable y necesario masaje no se te convirtió en un lujo. Dime que no has pagado un precio muy alto por lograr ser valorada y respetada profesionalmente. Y que miento al decir que has sacrificado muchas cosas de tus necesidades femeninas por ese cargo. Cosas que ellos no comprenden y que no les importa y nunca valorarán. Dime que miento cuando afirmo que, comparado contigo, tu colega de igual sueldo trabaja seis horas menos. O mucho peor, gana un porcentaje más. Dime si no has tenido que sacrificar hasta tu vida sexual activa porque en tu cargo ya no puedes follar en libertad sin miedo a que eso sea usado en tu contra. Dime eso y aceptaré mi revictimización.
Con una sonrisa triste me miró y me dijo: «Mi melodramática amiga, tienes toda la razón y no congelé óvulos porque a mi juicio ser madre a los 50 es una opción válida, solo que bastante compleja. A los 50 no me veo cuidando un bebé con paciencia».
Apretó mi mano y me dijo: «Te debo una botella de aguardiente para tu tinto. Desde hoy no podré ver mi vida exitosa, sino incompleta. Y por alguna razón me siento agradecida».
Les comparto que me sentí cruel y que, al igual que mi amiga, amando mis logros, he sentido mi vida incompleta. Porque también he tenido que pagar un precio muy alto para estar desconectada de buena parte del sistema opresor patriarcal. Y el más alto precio es no ser una profesional exitosa con un sueldo estable y tener que considerar un lujo pagar cosas como el manicure.
Fui consiente de que ella y yo no somos muy diferentes. Las dos pagamos un precio por ser las mujeres que queremos ser. Y ahora debemos lograr que el precio que pagamos valga todas las penas. Y eso lo lograremos empezando a usar todas nuestras herramientas de poder para cambiar esta realidad de las mujeres. Que las futuras mujeres no tengan que pagar ese impuesto social por ser mujeres sino que, como ellos, logren ser todo lo que deseen en todos los aspectos de la vida, sin tener que fragmentarnos sacrificando la realización personal por la laboral o viceversa. Para poder ser mujeres exitosas.
Mujeres, es menester que profundicemos en las cosas elementales para dimensionar las razones por las cuales, en pleno siglo XXI, aún todas necesitamos del feminismo en nuestra existencia si queremos una vida plena. No solo vivas, sino seguras y libres. No voy a seducir sus mentes predicando la fantasía de que el feminismo es la barita mágica que transformará instantáneamente todo su universo. Una vez te encuentres con el feminismo, tu vida se va a convertir en una mierda. Todo te va a parecer caótico y por un tiempo olvidarás lo que significa sonreír espontáneamente de tonterías y frivolidades. Algunas veces vas a sentir que no vale la pena replantear el concepto de feminidad en tu vida y proponer otras formas de ser mujer, ya que hacer eso implica perder la comodidad de contar con muchas cosas que nos agradan. No obstante, sabrás lo que te debes: la oportunidad de cambiar tu realidad y empezar a trabajar para que tu feminidad, sea cual fuere, y todas las versiones de la mujer que eres sean respetadas y valoradas sin sacrificar tu esencia y tu derecho a ser completa, no fragmentada. El feminismo es una resistencia personal e íntima que transforma tu vida poderosamente y desde ahí afecta positivamente la historia y el papel de la mujer en la humanidad.
La letanía que siempre les obsequio para que usemos mientras logramos la meta es responder a quienes nos limitan: “somos putamente libres”
* Ideóloga Feminismo Artesanal.