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Cuba como indicador

21 de enero de 2015 - 06:00 p. m.

El anuncio de reabrir las largo tiempo suspendidas relaciones diplomáticas de Estados Unidos supuso un cambio de actitud en el presidente estadounidense, Barack Obama.

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Con esa medida, Obama dio sentido a sus palabras al hacer balance de lo que había sido 2014: “Mi presidencia está entrando en el último cuarto. Cosas interesantes ocurren en el último cuarto”. Con el restablecimiento de las negociaciones con Cuba, Obama, como pocas veces durante los seis años previos de su presidencia, se encarnaba en factor de cambio en Washington.

Por medio del discurso sobre el estado de la Unión, Obama quiso confirmar que la nueva política hacia Cuba no es una anécdota y que es un indicador de sus intenciones antes de dejar el Despacho Oval en enero de 2017. Ante un Congreso en el que se hacía patente que los demócratas son desde el noviembre pasado minoría, Obama quiso dejar claro que ya no se siente atrapado por el legado de Bush. La crisis económica es el pasado. Las guerras de Irak y Afganistán han terminado. Se abre ahora su momento, el de tomar la iniciativa.

Y ese Obama “desencadenado” nos llevó a 2008, a la campaña electoral que lo llevó a la presidencia. Temas como el cierre de Guantánamo, el uso de la diplomacia y la negociación para garantizar el liderazgo internacional de los Estados Unidos, la urgencia de actuar contra el cambio climático, la independencia energética, la reforma migratoria y, sobre todo, la lucha por la igualdad de oportunidades potenciando “la economía de la clase media”, sonaron con claridad en el Capitolio. El resultado es una agenda ambiciosa y relevante, tanto por aquello que pueda conseguir ahora como porque, en buena medida, prefigura los temas de las elecciones presidenciales de 2016. Los republicanos en su encrucijada deben definirse: ¿partido obstruccionista? ¿Partido capaz de cogobernar? ¿Partido capaz de retomar la Casa Blanca?

Por primera vez desde 2009, Obama pareció liberado, además de la herencia recibida, de la necesidad de apelar al bipartidismo y al trabajo conjunto con los republicanos. Por primera vez Obama pareció dispuesto a liderar y, si es necesario, a pelear con el Congreso. Estableció claramente sus prioridades, los espacios en los que está dispuesto a negociar y aquellos en los que no. Por ejemplo, fue tajante al afirmar que vetará cualquier obstáculo —en forma de nuevas sanciones— que el Congreso pudiera poner en las negociaciones en curso con Irán y, sí, con Cuba.

En conclusión, Obama en el discurso sobre el estado de la Unión apareció liberado del pasado y del legado de Bush, de la necesidad de pactar con el Congreso y del ciclo electoral, como dejó muy claro al decir que ya no hay más elecciones a las que él pueda presentarse.

El anuncio del restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba ha marcado el inicio del último cuarto del presidente Obama. Y a veces pasan cosas interesantes en el último cuarto.

 

 

Miguel Benito Lázaro**

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