UN DÍA ABRÍ MIS REDES SOCIALES, comencé a ver las nuevas publicaciones y observé que, en ese mercado internacional de almas, hay personas muy cultas que, al parecer, saben de todo un poco y son buenos para cada cosa:
la amiga del colegio que, por don innato, es experta y crítica en moda; el músico con talentos en poesía, tratados de paz y literatura en las fechas en que los escritores mueren; el publicista-periodista-presentador con aptitudes para la opinión geopolítica y las frases de autoayuda, y la amiga que desde chiquita no mostraba destrezas para nada y ahora es fotógrafa profesional y amante a la adrenalina porque tiene novio fotógrafo con Harley Davidson.
Luego detallé con más detenimiento y encontré que los mismos peludos, por su alto grado de erudición, comparten contenidos exclusivos de su autoría y son elogiados por otros más que apoyan sus talentos emergentes para recibir lo mismo de vuelta. Es una red de ensalzamientos y me gustas. Uno se encuentra con grandes textos en moda, política, economía, cultura y actualidad; fotografías que al parecer podrían ganar un Pulitzer o ser publicadas en Vogue, y artistas que no se sabe por qué no han sido captados por cazatalentos. Ejercicios que profanan las profesiones, los oficios y los verdaderos genios que dedican toda su carrera a estudiar su área para poder crear lo que algunos creen construir parafraseando o consultando en la web.
Nos jactamos de saber mucho en la era de la internet, de los grandes libros digitales, las teleconferencias y los tutoriales. Somos tan tesos que a los 20 años ya tenemos cuatro profesiones encima y sabemos qué hacer con la vida. La tenemos clara desde chiquitos.
Nos hace falta bajarnos del ego para tocar tierra. Aprender sin visajes, sin pretensiones de originalidad y grandeza. Hay más genios que puestos de trabajo, más divas que cámaras de televisión, más literatos que lectores, más críticos que páginas de opinión; más protagonistas que observadores.
No sé en qué clase de cubículo puede caber tanto ego, si es que hay alguno disponible para estos auténticos genios.Alejandra Martínez Velásquez