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De oro y de lata

22 de agosto de 2012 - 05:34 p. m.

Caravana olímpica. Carro de bomberos. Condecoraciones en Palacio. Felicidad y admiración. Lágrimas de emoción, de la verdadera, esa que no está disfrazada ni condicionada, la que es genuina porque nace de un esfuerzo, de una disciplina, del talento, de un sueño. Emoción que nos unió y nos permitió sentirnos parte de algo que a menudo se nos desintegra entre las manos y que llamamos país.

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Pero pronto pasarán de moda nuestros medallistas olímpicos. Sí. Así ocurre aquí. Todo es una estructura cíclica: se cansarán de sacarlos en la televisión, en los comerciales, en las campañas; vendrán otras noticias que desplazarán los recuerdos y dentro de cuatro años estaremos ad portas de unos nuevos olímpicos. Por eso esas lágrimas que salieron sin esfuerzo, provocadas por una sensación parecida a la felicidad, se mezclaron en el fondo con algo de desazón, de dolor, de frustración. Porque pienso, como es habitual, si se repetirán las historias de la falta de apoyo, de los deportistas haciendo sacrificios y esfuerzos desmedidos para llegar allí. Pienso no en el futuro sino en el presente. Porque después de todo, queda demostrado que el deporte y la cultura no están alejados. Al contrario, van de la mano. Producen el mismo efecto, vuelven mejores a las personas y a quienes se rodean de ellos, generan mejores maneras de vivir. Pero es precisamente a eso a lo que menos se le invierte en Colombia. Porque mientras dure el “auge”, repetiremos hasta el cansancio que el deporte libera, exorciza y ayuda a los jóvenes a enfocarse en cosas diferentes, a canalizar sus miedos , a salir de los vicios, de la criminalidad; pero lo repetiremos sin que nada pase, sin que se construyan estadios, canchas, pistas, espacios adecuados; sin que se capacite a los entrenadores y deportistas, sin que les ayuden para estudiar, para convertirse en mejores personas, en mejores competidores y así alejarlos de la trampa… la misma que hace que se roben los dineros destinados para este fin. Ya dije, todo es cíclico. La plata aquí no se invierte donde se tiene que invertir, y es probable que después de Londres 2012 algo mejore, pero seguirán robándose cuanto puedan, inventándose la manera de politizar el deporte, porque ya vieron el negocio. Ya hablan de ministerios para llenarnos de “encorbatados” que no saben lo que es una pesa, una pista o una carrera.

Por un lado agradezco el esfuerzo de quienes hicieron todo esto posible… pero condeno a quienes no quieren que este país mejore a través del deporte o del arte alegando que eso no es importante. Lo es. Nos unió como país. Nos devolvió una sonrisa que no habíamos podido recuperar y que seguramente se nos borrará pronto. No quiero ser pesimista, pero aquí toca. Toca recordar que no siempre las cosas nos salen bien y que hay que estar atentos a las promesas que por estos días se hacen. Lamento esta sensación de desesperanza, lamento mi falta de optimismo. Sólo prendo las alertas.

Carolina Cuervo

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