“Ahora ya no había fútbol. ¿Qué se podía esperar de jugadores que se compraban y vendían?”. Ernesto Sábato.
La palabra mercado tiene sus orígenes en la Antigüedad. Trueque, cambio, compra y venta. Un jarrón de vino por una bolsita de trigo o pieles de abrigo por armas de caza. Desde que hay humanos, necesidades y excedentes, el sustantivo se transformó en un verbo: mercadear, intercambiar bueyes por mujeres, hierro por bronce o telas por comida. Hubo una época en la que hombres y mujeres fueron comprados, vendidos o cambiados, es decir, mercadeados o permutados. Seres humanos tasados en una cuantía de acuerdo con su contextura física, dentadura, belleza o capacidad para trabajar con cargas pesadas. La historia ha contado acerca de este tema específico. La literatura ha narrado otras perspectivas y horizontes de comprensión del fenómeno. Raíces, de Alexander Murray Palmer Haley, por ejemplo, hizo una radiografía de la esclavitud, protagonizada por un sujeto llamado Kunta Kinte .
Jugar fútbol era gratis, ir a una cancha de fútbol barrial no tenía costo. Era una fiesta de colores y sabores, pero sin mercados y sin valores económicos. Pero llegó lo que temían algunos: tasar jugadores para el sostenimiento del espectáculo, puro cambalache y mercadotecnia. Garrincha y miles como él no supieron de riquezas ni de ferias de millones por practicar un deporte que los apasionaba. Los jugadores no tienen marcas como las de los esclavos y el ganado, pero tienen sellos que los hacen sentir como tales. La marcación ya no está en el pecho desnudo sino en la camiseta y en la pantaloneta: patrocinios, ventas de escudos y banderas, entrevistas exclusivas, biografías autorizadas, televisión, publicidad, marketing. Hoy nada es gratuito. La esclavitud ha llegado hasta el juego de 11 contra 11, como metáfora de guerra, y se impuso la táctica sobre la picardía emocional. Desde que se venden y compran jugadores, la esclavitud cambió de color y de contexto, pero parece perpetuarse allí. Sí hay fútbol, la palabra se mantiene y hay mundiales, pero también hay rumores que sostienen que los partidos no se dirimen en el estadio. La historia (sin mayúscula) ha contado que varios mundiales se han definido por fuera de la cancha. La Literatura (con mayúscula) ha contado historias de un fútbol romántico y poético. Paradójicamente, la palabra mercado viene del latín mercatus, pero de esa misma raíz nos llegó la palabra mercenario.
Juan Carlos Rodas*