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Después del No al plebiscito: el nuevo rompecabezas colombiano

05 de octubre de 2016 - 09:10 p. m.

Terremoto político. No es exagerado decir que eso fue lo que pasó con el resultado del plebiscito del domingo pasado.

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Por: Frédéric Massé*

Al parecer la sorpresa no fue total tanto para el gobierno como para los partidarios del No. Durante la última semana, el Gobierno y las FARC habían recibido con preocupación algunas encuestas privadas e intentaron convencer a los indecisos hasta el último momento. El domingo por la mañana, el ex presidente Uribe apareció sereno al momento de ir a votar, lo que algunos interpretaron como una señal de que el no, sí podría ganar, algo que 10 días antes parecía casi imposible. Dicho eso, la sorpresa sí fue grande para la mayoría de los colombianos.

Ahora bien, los acuerdos de paz suelen ser el resultado instantáneo de unas correlaciones de fuerza momentáneas. De allí que lo que muchos consideraban como inconcebible hace unos pocos días, pareciera ser hoy en día un camino sensato y aceptable: replantear parte de la negociación sin romper el cese al fuego. Nada va a ser fácil pero el futuro no será necesariamente caótico. Se abre un periodo de gran incertidumbre con muchos riesgos, pero tanto las reacciones de las FARC como las del Presidente Santos y de los Uribistas, fueron bastante alentadoras, de tal manera que hay que seguir adelante.    

No se puede descartar del todo el retorno a la guerra, pero tal escenario resulta poco probable a corto plazo. Durante las negociaciones, las FARC compartieron bastante información sensible con las Fuerzas Armadas Colombianas, de tal manera que en caso de volver al monte, se encontrarían en una posición bastante desventajosa y debilitada y les sería difícil resistir a la ofensiva de la Fuerza Pública. El cese al fuego actual es obviamente muy frágil, aun más cuando se fijo un plazo hasta el 31 de octubre, pero si se pudo mantener a un nivel muy bajo los enfrentamientos entre la fuerza pública y las FARC durante cuatro años y medio, no debería ser tan complicado intentar seguir manteniendo lo mismo durante más tiempo.

El segundo escenario es el de la renegociación de parte de lo acordado. A veces, la necesidad hace la ley y creo que las FARC son suficientemente maduras y pragmáticas para que hagan ciertas concesiones en cuanto a su participación en política y tal vez en materia de justicia transicional sin que crucen las líneas rojas que plantearon. Una posible concesión sería que ellas acepten que sus miembros acusados de crímenes de guerra y de crímenes de lesa humanidad no puedan presentarse a elecciones populares, por lo menos hasta que hayan cumplido sus eventuales condenas y hayan dicho la verdad y contribuido  materialmente a la reparación de sus víctimas. Las FARC anunciaron el día anterior al plebiscito, que estaban dispuesta a entregar sus bienes. No veo porque cambiarían de opinión hoy en día, de tal manera que este punto podría también ser integrado más claramente en los acuerdos de paz. 

En cuanto a la justicia transicional y a eventuales penas de cárcel, muchos tildaron de ilusoria la posibilidad de que las FARC cambiaran de opinión al respecto. No estoy tan seguro. No se trata de humillar a las FARC ni de buscar venganza, pero entre ni un sólo día de cárcel y 20 años, ¿no será posible que algunos comandantes acepten, tanto a título personal como en nombre de la organización, unas restricciones a la libertad un poco más estrictas en caso de que se compruebe que cometieron crímenes graves? Si frente a este tema, las FARC no hubieran tenido una actitud que muchos percibieron como arrogante, creo que algunos de los indecisos que se abstuvieron o que terminaron votando por el No, se hubieran inclinado por el Sí, cambiando el resultado final del plebiscito.

Sin embargo, este segundo escenario sufre de un serio problema. De la misma manera que no será fácil que el ex presidente Uribe acepté darle al presidente Santos una segunda oportunidad para que sea Santos quien firmé el nuevo acuerdo, es igualmente improbable que el presidente Santos nombré como jefe de negociación a una persona cercana al ex presidente Uribe o que el ex presidente Uribe acepté viajar a la Habana para negociar directamente con las FARC. Yo creo más bien que el Presidente Uribe será hasta cierto punto abierto con las FARC pero duro con Santos.

Para salir de este callejón sin salida, todo  parecía indicar que un tercer escenario hubiera podido ser el de una Constituyente. Sin embargo, en una reciente declaración que sorprendió a mucha gente, el ex presidente Uribe descartó tal escenario, por lo menos temporalmente.

Las FARC no habían abandonado del todo esta idea y el ex presidente Uribe, aunque no por las mismas razones, había hablado de esta posibilidad. Tal vez hubiera sido un poco contradictorio que los colombianos que rechazaron unos acuerdos que eran al fin y al cabo bastante realistas, acepten en adelante que las FARC opinen e influyan sobre las políticas por medio de una Constituyente.

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Una Constituyente tenía también otras ventajas: hubiera representado una oportunidad para que las FARC vuelvan a poner sobre la mesa algunos temas que no lograron incluir o acordar en las negociaciones pasadas y era una oportunidad para que el ELN se suba en el mismo tren de la paz. El ELN ha repetido en varias ocasiones que ellos no eran una parte negociadora sino que querían que sea el pueblo que negocie la paz. Una Constituyente era una oportunidad para integrar la agenda que el ELN firmó con el gobierno en una discusión amplia a nivel nacional, sabiendo que la negociación iniciada con el gobierno Santos podría alargarse meses y años sin garantías de obtener suficiente por parte del gobierno, y que no sería posible convocar a otra Constituyente.

Tal vez si se descartó este escenario es porque una Constituyente tampoco se convoca de la noche a la mañana y trae mucha incertidumbre. Incertidumbre de aquí a que se convoqué una Asamblea Constituyente, por un lado. Incertidumbre en cuanto al resultado y al alcance de la misma Constituyente por el otro.

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El problema es que no se sabe cuál podría ser otra opción y que los políticos parecen echarse la culpa y la responsabilidad de lo que está ocurriendo. Lo cierto es que el tiempo está corriendo en contra de la paz. Algunos opinan que estamos ante una situación similar a cuando se rompieron las conversaciones del Caguán y se terminó la zona de distención. Pero la situación es diferente. Al contrario de lo que sucedió en febrero de 2002, esta vez, todas las partes y muchos colombianos expresaron su voluntad de seguir con las negociaciones de paz y de buscar un nuevo acuerdo para evitar volver a la guerra. No será fácil porque también hay que reconocer que la crisis actual es mucho mayor a las que se presentaron durante estos últimos cinco años. Pero tampoco podemos echar al borde todo lo que se ha logrado.    

El plebiscito del domingo pasado fue indudablemente un terremoto político que convierte la situación actual en un verdadero rompecabezas. Lo más probable es que si no se avanza y no se mantiene cierta dinámica, el proceso caerá, al igual que una bicicleta. Ojalá las Naciones Unidas no se retiren o cancelen apresuradamente su misión porque enviarían una señal bastante negativa. El reto de aquí en adelante es que la crisis actual sea una oportunidad para alcanzar una paz menos polarizada y más aceptada por una mayoría amplia de colombianos que nos permita alcanzar una paz más sostenible y duradera.

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*Director del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE) de la Universidad Externado de Colombia 

 

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