Grecia da un respiro y los bancos centrales ganan protagonismo con los testimonios de Yellen y Draghi. Dos discursos que marcan destinos distintos a corto plazo: la Fed cada vez más cerca de abandonar la política de tipos cero y el BCE a las puertas de comprar bonos soberanos, territorio hasta ahora “prohibido”.
Yellen, ante el Congreso, hizo hincapié en las condiciones económicas y el futuro de la política monetaria. Enfatizó el sólido crecimiento del consumo privado y la producción y, sobre todo, la buena marcha del mercado de trabajo. No obstante, marcó puntos de cautela. El lento aumento de los salarios y la baja tasa de participación revelan cierto grado de debilidad cíclica. Asimismo, la inflación se mantiene baja. Así, no sorprende que Yellen defendiera el nivel actual de acomodamiento monetario —tasas de interés cercanas a cero y la estabilidad del balance de la Fed. Sin embargo, aprovechó su testimonio para aclarar que la Fed está un paso más cerca para subir los tipos de interés, pues considera prescindir de la palabra “paciencia”. Así, la Fed podría subir tipos en junio, aunque septiembre es más probable, y la estrategia sería gradual.
Draghi no sacó ningún conejo de la chistera, pero no por ello su discurso está exento de interés. Primero, expuso los motivos que respaldan su decisión de comprar de bonos públicos. La inflación ha venido cayendo de forma continuada durante varios trimestres y actualmente está en el -0,6%. Draghi también enfatizó el efecto positivo que esta medida tendrá en la actividad y la inflación. Un indicador muy evidente de este impacto es la caída que se ha producido en la prima de riesgo de países periféricos. Sin embargo, apenas unas semanas antes de empezar las compras, no dio pistas adicionales. Por último, subrayó que todavía no hemos alcanzado el estadio de una unión monetaria genuina, el proyecto del euro es vulnerable a grandes choques.
Más allá de la divergencia de políticas a corto plazo (con repercusiones en los mercados financieros, sobre todo emergentes), de las intervenciones de Yellen y Draghi se desprende un punto común: la inflación preocupa.