El fin de semana pasado se estrenó en cuatro teatros de Estados Unidos We Steal Secrets: The Story of Wikileaks, cinta del director Alex Gibney que pretende pasar revista al fenómeno desatado por este portal y, claro, a la polémica figura de Julian Assange, la cabeza más visible de una organización que busca revelar los secretos de los poderes mundiales.
Desde antes de su estreno, la cinta desató una agria batalla entre Wikileaks y Gibney, con una serie de acusaciones acerca de parcialización y desinformación por parte de ambos bandos. Nada raro, en últimas, pues esta es apenas una más de las peleas que el movimiento liderado por Assange ha emprendido contra cineastas, periodistas y, obvio, funcionarios gubernamentales; todos acusados de una suerte de conspiración mundial para callarlos.
Gibney asegura que Assange le cobraba US$1 millón por su entrevista para la película. Wikileaks lo niega y asegura que el documental tiene varios errores. Lo cierto es que esta pelea, Wikileaks contra el mundo, tiene tanto de ancho como de largo. Resulta evidente que hay intereses de varios poderes por buscar cierta retribución después de los secretos que el portal reveló a través de una serie de cables diplomáticos y de archivos acerca de la guerra de Estados Unidos en Irak.
Ahora bien, resulta sospechoso que buena parte de los retratos que critican la figura de Assange, un líder que ha terminado por desencantar a algunos de los mismos colaboradores de su organización, terminen siendo vilipendiados por la organización, que no duda de calificar estas producciones de colaboraciones con algunos gobiernos.
Además de la cinta de Gibney, la cineasta Laura Poitras pretende lanzar este año otro documental acerca de Wikileaks. Este último ha recibido una especie de bendición por parte de la organización (aún no se conoce su fecha de estreno). We Steal Secrets: The Story of Wikileaks, por ahora, sólo se exhibe en algunas salas de Estados Unidos.
*Santiago La Rotta