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El desafío complejo de Rousseff

05 de octubre de 2014 - 09:35 p. m.

Nada está definido en la primera vuelta de la elección brasileña.

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Ahora, Dilma Rousseff deberá enfrentar a un contendor que tendrá como principal ventaja la posibilidad de conglomerar alrededor de su figura a millones de inconformes e indecisos que, como en el resto de elecciones latinoamericanas, terminan siendo fundamentales para el desenlace de las mismas.

Seguramente para la segunda vuelta las propuestas se decantarán mucho más y se podrá observar un fenómeno llamativo de la política brasileña: el choque de dos modelos económicos de izquierda. Por eso, el desafío más visible para la presidenta actual consiste en diferenciarse suficientemente de su contendor, pues en el fondo resulta innegable que la prioridad de la política brasileña es el terreno social, en el que las desigualdades siguen siendo protuberantes. Por el contenido de este debate que seguramente tendrá lugar, se consolida la imagen de Brasil como un escenario fértil para las ideas de izquierda. Probablemente en eso tenga mucho que ver el período militar entre 1964 y 1984, que interrumpió el ciclo populista de João Goulart con consecuencias aún visibles en generaciones representadas en figuras como Lula y Rousseff. Es prudente recordar que Brasil llegó a convertirse en el segundo Estado más desigual del mundo en los ochenta.

Otro elemento que configura el panorama político brasileño pasa por la composición del Congreso y en ello se resumen en buena medida los retos de la actual mandataria. La Cámara de Diputados se renueva, mientras que para el Senado esto ocurre con una tercera parte. Esta dinámica es clave, porque al margen de quien obtenga la victoria en segunda vuelta, la gobernabilidad en Brasil habrá cambiado y difícilmente un mandatario volverá a generar los niveles de cohesión de los que gozó Lula en sus ocho años de gobierno. Valga decir que aún se reivindican desde el PT los 40 millones de brasileños que salieron de la pobreza y la reducción en la concentración del ingreso, hasta el punto que Brasil dejó de ser un referente de desigualdad para convertirse en modelo.

Ese avance en materia de reducción del coeficiente de Gini —que mide la concentración de riqueza— es el argumento más valioso con el que cuenta Rousseff. Valga decir que paradójicamente esto se vio empañado por la organización del Mundial de Fútbol, pues puso en tela de juicio algunos de esos avances sociales, o al menos en términos de imagen externa. ¿Alcanzarán esas conquistas para un nuevo gobierno del PT o llegó la hora del cambio en Brasil? Los votantes brasileños tienen la palabra.

* Profesor U. del Rosario

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