Por Mar Candela*
El feminismo combate las prisiones en las que las mujeres nacimos, que no son pocas.
¿Prisiones?
Yo sé que a muchas personas les parece una exageración eso de las prisiones de las mujeres.
Pleno siglo XXI y todavía habitamos un país donde 173 colombianas diariamente son maltratadas por simplemente decidir sobre nuestras vidas.
Obvio, la gran excusa son los celos. La razón real es que no nos soportan libres y decididas: que aunque en el papel estamos con derechos y hay leyes a nuestro favor, hacer uso de esos derechos y leyes nos puede costar incluso la vida.
La misoginia no es una enfermedad moderna, o un descubrimiento reciente. La misoginia posee una agenda implícita en la política y la sociedad, y una historia de raíz.
Decía André Glucksmann, filósofo francés, que “el odio más largo de la historia, más milenario aún y más planetario que el del judío, es el odio a las mujeres”. La imposibilidad de superar el androcentrismo dominante es mayor aún cuando hay derechos. No hay conocimiento. Ni conciencia de la realidad de fondo. El pesimismo actual de varias y varios pesadores(as) sobre la evolución del feminismo no es infundado, tiene razón de ser. No obstante. nosotras las feministas debemos resistirnos a la idea de que hemos sido vencidas por el sistema.
Nosotras debemos nutrirnos de esperanza para continuar de esperanza contra esperanza. Como lo hicieron las cientos de feministas de antaño que dieron su vida entera por los derechos de las mujeres. Y no es ninguna exageración. Mujeres en todas las sociedades en tiempos legendarios combatieron las formas de misoginia más crueles de todas. Esas formas que ni siquiera nos reconocían como parte de la humanidad. Solo daré un, ejemplo porque si escribo a todas las que entregaron la vida, no alcanzarían las horas para hablarles.
El 4 de septiembre de 1791, en plena Revolución Francesa, la actriz y dramaturga Olympe (Olympia u Olimpia) de Gouges (1748-1793) hace pública la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, en réplica a la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (1789), por considerar que excluía a las mujeres. Fue acusada de sediciosa y “monárquica”, siendo condenada a morir en la guillotina en 1793. Aquí la declaración completa por si interesa conocer lo que declaró.
A ella, y a otras como ella en otras épocas, le debo la libertad que tengo de confrontar al Estado y a la sociedad en todas sus estúpidas e inhumanas injusticias. Yo las denomino las Diosas, porque a ellas les debemos todo lo que hoy tenemos. Cada vez que puedo escribir sobre algo que sé que no va a gustar, cuando salgo a la calle a gritar “sola” como “la loca Margarita” o acompañada de una decena o de cientos, siempre pienso en ellas.
A ellas les debo todos los días de mi vida .A ellas les debo no dejarme contagiar de ese pensamiento de que el feminismo ya no tiene a donde evolucionar. No importa que nos digan las cifras de feminicidios, yo no quiero creer eso.
* Ideóloga, Feminismo Artesanal