El fin de semana pasado comenzó en Cali el torneo III Copa Egresados ASIA Berchmans, con un partido entre Aztecas FC y Megalastra, pero debió ser interrumpido de manera intempestiva.
Por: Mar Candela*
Este torneo, organizado por la Asociación de Exalumnos del Colegio Berchmans y la Universidad Javeriana de Cali, recoge fondos para las becas de los estudiantes del Colegio Berchmans.
La interrupción del torneo se debió a la agresión por parte de Jhonatan Velásquez a dos jugadoras del club de fútbol femenino amateur Aztecas FC.
Velásquez es conocido como “kindo” y pertenece al equipo juvenil del Club Deportivo Cali FC –“el salvaje”, lo denomina Andrés Santamaría Garrido, expersonero de Cali, quien justamente hizo la denuncia en un periódico local. Sí, “el salvaje” arremetió contra dos mujeres integrantes del equipo Aztecas, dejándoles heridas físicas.
Para muchas personas no son relevantes las manifestaciones ciudadanas públicas de rechazo y visibilización de las violencias contra las mujeres —no quieren entender que estas manifestaciones como aporte ciudadano son clave en la eliminación de las violencias contra todas las formas de ser mujer. Cada vez que la sociedad condena públicamente cualquier fenómeno de violencia en contra de las mujeres, los victimarios se dan cuenta de que sus conductas generan rechazo, señalamiento y sanción no solo legal sino social. Estas manifestaciones de reproche social a los machos maltratadores de mujeres contribuyen a que agresores “se la piensen” una y otra vez antes de agredir a las mujeres. Dice Andrés Santamaría Garrido en el periódico El Pueblo: “Esto pasa igual en las autoridades que han gobernado la ciudad en los últimos años en Cali”.
Lamento tener que decir que eso no sucede solo en Cali. Sucede en toda Colombia y se trata de una realidad internacional. La sociedad y el Estado son cómplices de las violencias que vivimos las mujeres a diario, dejan pasar de agache decenas y decenas, por no decir cientos, de casos de violencias a las mujeres y niñas a razón del interés de conservar “la buena imagen”. Sabemos que es más importante que un macho con excelente marketing conserve su buena imagen para que siga produciendo plata a diferentes núcleos sociales, en este caso la industria futbolera, que la vida libre de violencias de las mujeres.
Si nosotras no levantamos la voz por nosotras no esperemos que lo hagan el Estado y la sociedad. Como supone Andrés, el silencio cómplice a lo sucedido se debe al prestigio institucional; quizá lo nieguen, pero es así. Les puede más “cuidar su imagen”, y por eso el equipo de fútbol al que pertenece el bien denominado salvaje de Jonathan deja pasar de agache este acontecimiento. La mayoría de directivos de los equipos de fútbol en todos los países hacen como si las acciones de sus jugadores no tuvieran que ver con su equipo. Son cómplices de la violencia machista de sus jugadores por miedo a que su equipo sea manchado, y no comprenden que su complicidad es la que mancha los equipos.
Frente a lo que hizo Jonathan, cuenta Santamaría que las únicas expresiones de rechazo que se conocen son una resolución del colegio y de la asociación de exalumnos para los participantes del torneo. Ese reproche hasta el momento no se encuentra en las páginas web del colegio ni de la universidad, y mucho menos en sus redes sociales. Ese rechazo no sirve, es protocolario, no visibiliza ni ejemplifica.
Les cuento que hace unos pocos días el abogado presidente del Comité de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas, Fabián Omar Salvioli, hizo hincapié en la necesidad de que toda la administración pública se capacite en derechos humanos y dijo que “quien no tiene perspectiva de género, no puede estar en el Estado”, aunque rápidamente reflexionó afirmando que “si aplicamos esto, el 80% de la administración pública se queda sin gente”. Entiendo su reflexión.
El tema de la violencia machista no será resuelto. Tendremos menos salvajes como Jonathan si, dentro de la formación escolar, niños y niñas reciben clases de perspectiva de género con enfoque diferencial. Sólo con una educación así lograremos que los hombres y las mujeres realmente vivamos en igualdad de derechos, opciones y libertades.
Lo más seguro es que el macho salvaje de Jonathan no tenga idea sobre lo que es la perspectiva de género y mucho menos el enfoque diferencial, del mismo modo que estoy segura que la gran mayoría de colombianos y colombianas no tienen idea. Nuestro sistema educativo no incluye la temática de género. Y no lo hace porque afecta directamente las políticas patriarcales machistas que deciden las dinámicas y metodologías sobre la economía, la política y la sociedad. Para que los mismos de siempre, y como siempre, gobiernen el mundo. Tienen miedo al cambio estructural de la sociedad porque ese cambio apunta a que el único género reconocido sea el género humano y el sexismo ya no sea quien impere en la humanidad. Despoja del poder a todo macho.
En la mayoría de países no han comprendido que la perspectiva de género con enfoque diferencial como parte fundamental del sistema educativo y el feminismo como principio ético social es el camino para de una buena vez terminar no solo con la violencia hacia las mujeres sino con la violencia en general.
Sé que hay esperanza, sé que algún día esto será comprendido por la humanidad. Y lo sé porque hoy día ya hay países que lo han comprendido. Países escandinavos, como Suecia, han comprendido que para acabar las cifras de violencia —no solo contra las mujeres sino en general— se debe educar desde preescolar en contra del machismo y el sexismo. La perspectiva de género guía todos los niveles del sistema educativo sueco.
Debemos exigir un sistema judicial que sancione a los agresores de forma ejemplarizante, sin mimos legales. No tengo idea si el macho salvaje de Jonathan ya tiene una investigación judicial; lo que sé es que muy seguramente, como bien lo dijo Andrés Santamaría en su nota, pasará lo que sucede con la mayoría de victimarios de mujeres aquí en Colombia y en el planeta: Nada.
Y lo creo porque soy consciente del informe alarmante que Andrés también comparte que dice que más del 90% de las investigaciones de violencia contra mujeres son archivadas por la Fiscalía y en relación a feminicidios no tienen un tratamiento especial por ser sujeto especial de protección; no se aplica el enfoque de género en las investigaciones; este año van más de 30 feminicidios solo en Cali. Además, la comisaría de familia, que debe brindarle a la mujer víctima orientación y establecer medidos de protección, funciona a medias.
Quisiera pensar que en el resto del país la cosa es diferente. Lo cierto es que no es así. Colombia está llena de machos salvajes como Jhonatan Velásquez, y eso se sabe hace mucho rato. Colombia es un país declarado en pandemia de feminicidios y en el honorable Congreso de la República saben que urge fortalecer las medidas para la eliminación de las violencias contra las mujeres, que se necesitan campañas serias mediáticas y masivas que inviten a rechazar la violencia machista y los feminicidios, saben que tienen que gestionar mayores recursos para Fiscalía y Policía especializados en violencias de género, que existan comisarías de familia con personal suficiente e idóneo y, por supuesto, que en el sistema escolar se hable de perspectiva de género y se explique el enfoque diferencial. Urgen leyes y campañas con presupuesto porque, como sabemos, las leyes sin presupuesto no son más que humo.
Desde Feminismo Artesanal, con un equipo profesional sensible y humano, trabajamos en este tipo de apuestas y en lo jurídico caminamos con el abogado de las causas justas, Augusto Ocampo Camacho, quien asesora y guía a las mujeres en procesos jurídicos. Esta labor que ejecutamos queda coja si el aparato judicial no funciona. Necesitamos políticas de Estado serias que permitan acabar de raíz con la violencia machista. Sólo acabando con la violencia machista se acabaran todas las violencias.
El prestigio institucional no está por encima de los DD. HH. de las mujeres ¿Qué vamos hacer?
* Ideóloga, Feminismo Artesanal.