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El fútbol de la miseria

16 de junio de 2015 - 12:46 p. m.

Las palabras muchas veces terminan siendo redundantes cuando se intenta explicar los recientes acontecimientos que golpearon duramente al fútbol mundial. Un fútbol al que se le infringió un doble daño en estas últimas semanas. Primero con el denominado “superclásico argentino” entre Boca Juniors y River Plate por los octavos de final de la Copa Libertadores el pasado 14 de mayo y poco después el escándalo de corrupción (que involucra a varios dirigentes de la Conmebol, algunos de ellos prófugos) que sacude los cimientos de la FIFA y abren un periodo sombrío para el fútbol mundial en el que la incertidumbre es la emoción que reina por estas horas.

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La belleza del deporte más popular del planeta se ve conmocionada por estos hechos que nos dejan un sabor amargo. Son de esos sabores que no se quitan tan fácilmente y que solo el tiempo irá mitigando, aunque quedarán los resabios palpitando cada vez que asome en un estadio la violencia o en una oficina el soborno como manifestaciones de que todo lo que vemos es falso, un triste simulacro por el que rompemos nuestras gargantas y enjugamos nuestros ojos de lágrimas. El fútbol ha perdido parte de ese espíritu inmaculado que bien lo definiera el mítico periodista argentino Dante Panzeri con tenaz elocuencia: “el fútbol es la dinámica de lo impensado”. Ahora se ha convertido en la “siniestra mecánica de lo pensado”, transfigurado por la compra de partidos, de árbitros, de sedes mundialistas, de dirigentes que ceden ante la tentación del dinero. El fútbol dejó de ser esa ebullición litúrgica que congelaba el tiempo por 90 minutos. Esa combinación mágica de inteligencia y azar. Todo eso ha quedado impugnado por la perfidia de una cultura donde todo -incluso nuestras pasiones- es una mercancía.

Aunque esto no debe sorprendernos demasiado en una sociedad dominada por el capitalismo. La reglas son sancionadas y decretadas por el poder del capital y esto solo es una consecuencia lógica de como está diseñado el mapa de nuestra vida cotidiana, donde el fútbol ocupa un lugar importante, trascendental me animaría a decir. Y si tiene sustancial relevancia para el público es un producto más listo para ser consumido. La violencia y la corrupción son parte de este mercado y constituyen la identidad de este fútbol globalizado que tiene a Latinoamérica como uno de los principales protagonistas.

En 1846 el filosofo francés Pierre Joseph Proudhon escribió una obra titulada la “Filosofía de la miseria”, cuyo nombre cristaliza el sentido de este pequeño artículo. Hago mías las palabras de Proudhon, donde lo que termina imperando es el fútbol de la miseria y no la miseria del fútbol, porque a pesar de sus contradicciones y su lamentable dirigencia sigue siendo el deporte más hermoso que parió la humanidad. Al respecto esto aseveraba: “la economía política, en cuanto consagra y pretende eternizar las anomalías del valor y las prerrogativas del egoísmo, es verdaderamente la teoría de la desgracia y la organización de la miseria; pero en cuanto expone los medios inventados por la civilización para vencer el pauperismo, por más que esos medios hayan redundado constantemente en exclusivo provecho del monopolio, la economía política es el preámbulo de la organización de la riqueza.” Imperativo categórico que condena a este otrora deporte de potrero y semillero a un destierro moral que termina manchando a la pelota, la verdadera mártir en todo este lío. Se bastardea ese mandamiento que esbozara hace un tiempo Diego Armando Maradona: “La pelota no se mancha”. Y se terminó manchando de la peor manera. Más de lo que podemos soportar. ¿Cuál será el destino de nuestro amado fútbol? Será el que el tiempo defina en tanto continuidad o ruptura del orden vigente. Mientras tanto el partido que juega la FIFA apenas ha comenzado y no creo que se resuelva en 90 minutos.

* Ensayista. Miembro del Centro de Estudios Históricos “Felipe Varela”, de Argentina.

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