El recién nombrado ministro de Ambiente, Juan Gabriel Uribe, como la mayoría de los colombianos, no sabe lo que es vivir en paz, pero se ha interesado como periodista y político en alcanzarla y suponemos que se puede estar preguntando cómo ayudar a lograrla desde su nueva posición.
No es fácil ayudar a contestar la posible pregunta del ministro. Muchos ambientalistas le dirían que no se preocupe por eso, que se dedique a proteger la fauna, la flora y la gea. Otros, entre los que me cuento, le recordarán que el ambiente es la totalidad sistémica y compleja y que la experiencia dice que es imposible proteger unas partes de estos sistemas sin tener en cuenta a los seres humanos, sus circunstancias de vida y sus intereses. Lo cual quiere decir que su experiencia como periodista y como político es bienvenida en esa cartera.
Sin embargo, sabemos, también por experiencias propias y ajenas, que es posible perderse en la totalidad ambiental y por eso aprovechamos esta columna no para darle consejos sino para hacer unas reflexiones acerca del tema.
La primera se refiere a la necesidad de establecer claramente el significado de un concepto del cual se ha abusado introduciendo confusión y errores en la gestión ambiental. Me refiero al de “desarrollo sostenible”. En estos momentos hay tres partes fundamentales del concepto que el Ministerio debería promover y sostener dentro del Estado: la primera, la necesidad de evitar que el capital natural —incluyendo los recursos naturales no renovables— se deteriore; la segunda, la referente a la equidad dentro de la generación actual, y la tercera, la búsqueda de la equidad entre las generaciones. La paz tiene que ver con estos tres objetivos.
Promover y acelerar la minería contradice el concepto si no se reemplaza continuamente el capital natural perdido por uno perfectamente equivalente. Si esto es imposible, la paz actual y futura se vería amenazada por deterioro irreversible del patrimonio público, con consecuencias directas en la equidad inter- e intrageneracional. Parte de este patrimonio es ecológico y es su responsabilidad, señor ministro, defenderlo.
Sé que los ingresos mineros y petroleros se han hecho indispensables para sostener las acciones sociales y militares del Estado, lo cual le plantea a usted y al resto del Gobierno problemas muy difíciles. Resolverlos me parece casi imposible si no se profundiza en la comprensión del potencial natural real del país y si no se revisan las ideas fijas que hasta ahora nos han guiado en lo socioeconómico desde la derecha y desde la izquierda. Para esto confío en el rigor intelectual que casi todos ustedes, los políticos jóvenes, han mostrado.
Julio Carrizosa Umaña,
* Exdirector general del Instituto Geográfico Agustín Codazzi y exgerente del Inderena.