El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

El perdón y la paz: un enfoque psicoanalítico

05 de julio de 2016 - 09:00 p. m.

Un grupo de colegas estuvimos conversando alrededor del proceso de paz y me preguntaron qué pensaba yo, como psicoanalista.

PUBLICIDAD

Por Alfonso Sánchez Medina, M.D. *

Para empezar a responder les recordé que a lo largo de mi vida, más de ocho décadas, nunca había conocido la paz en mi país y que no quería morirme sin ver a nuestra patria sin guerras. Recordé la violencia partidista de las décadas de los 30 y los 40, en que conservadores y liberales se mataban indiscriminadamente; luego la de los llamados “bandoleros” que, según estadísticas de ese tiempo, produjo más de 350.000 muertos; posteriormente llega la guerrilla y luego aparecen el narcotráfico y el paramilitarismo, que perduran hasta el momento, prolongándose así esa matanza infame. Es infame porque la mayoría de los muertos han sido jóvenes, generalmente de bajos recursos económicos, las víctimas en los bandos en conflicto. Muy pocos dirigentes de estas guerras han muerto en combate. Los dirigentes ordenan matar y los jóvenes tienen que obedecer. O matan o los matan, esa ha sido su disyuntiva sin salida.

De todas estas luchas han existido hechos paradigmáticos que constituyen, a mi manera de ver, emblemas de la barbarie: la masacre de Bojayá, las matanzas de los paramilitares y los eufemísticamente llamados “falsos positivos”. Son las tres caras de la infamia. Todo esto me ha llevado a preguntarme por qué el ser humano puede llegar a tanta bajeza moral. ¡Matar a mujeres, niños y ancianos encerrados en una iglesia, con supuestos fines políticos, reunir campesinos indefensos y eliminarlos para apoderarse de sus tierras o asesinar a jóvenes desempleados para cobrar prebendas por sus cadáveres!

Así como existe una parte inconsciente en la mente de todo individuo, así también existe un inconsciente en los grupos sociales, lo que el psicoanalista C.G. Jung llamó el inconsciente colectivo. Puede que las personas o los grupos sociales, de labios para fuera, manifiesten que perdonan, pero esa actitud psicológica es ante todo emocional y no intelectual y las emociones son manejadas por el inconsciente. Si una sociedad percibe que sus victimarios no son sinceros, inconscientemente reaccionará con desconfianza, difícilmente perdonará y se generará rencor.

En este momento histórico que está viviendo el país a raíz del proceso de paz, las ansiedades relacionadas con la culpa y la reparación de tanta barbarie constituyen el eje del proceso psicosocial. Es crucial que los autores de estos crímenes pidan público perdón y demuestren un genuino arrepentimiento para que de esta manera la sociedad pueda perdonar. Que no se vuelva un espectáculo mediático, sino que los actores del conflicto, especialmente los que han comandado las máximas barbaries, expresen abierta y francamente que se equivocaron y que lamentan haber propiciado tanto dolor. Así se podrá generar una base psicosocial de arrepentimiento y perdón que consolide la paz. Pero si estos autores, en lugar de demostrar arrepentimiento, se muestran arrogantes e indiferentes ante sus crímenes, la sociedad necesariamente reaccionará con desconfianza e incredulidad.

El perdón que hace unos meses pidieron las Farc por la masacre de Bojayá, es algo loable que debe multiplicarse para que este acto de arrepentimiento por la destrucción causada se extienda a lo largo del país. Y así los demás actores del conflicto, como por ejemplo, el aceptar públicamente que actos como los “falsos positivos” no se repetirán jamás.

Si los mismos papas Juan Pablo II y Francisco humildemente han pedido perdón por los desafueros ocurridos dentro de la Iglesia Católica, ¿por qué no pueden pedir perdón todos esos dirigentes propiciadores de la barbarie? Esa sería la base de una verdadera paz y reconciliación social. Pero soy pesimista de que los líderes de la guerra que poseen personalidad psicopática tengan la entereza de pedir perdón, pues tienden a negar sus actos de barbarie mediante racionalizaciones políticas.

No se trata de negar y tapar, sino destapar, aceptar, reparar y perdonar. Esta es la metodología esencial del psicoanálisis para encontrar la verdad y por tanto la paz.

* Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias