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El reto: reducir la pobreza

22 de febrero de 2014 - 11:00 p. m.

Hace 14 años la realidad era penosa, por no decir vergonzosa, en indicadores de pobreza nacional y local. Colombia en el año 2000 tenía la mortalidad infantil en 24 muertes por mil nacidos, mientras que en Cartagena alcanzaba las 50,9. En 2002 la pobreza nacional estaba en 53,7% según el DANE, mientras que en La Heroica era de dos terceras partes de la población. El embarazo en niñas y jóvenes estaba en 8,5% y llegó hasta el 19%, mientras que a nivel local era del 30%.

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Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, aunque eran claros, parecían una meta incumplible. Lo que más puede sorprender es que en los últimos diez años el país ha crecido a un ritmo del 3,7% del PIB anual, mientras que la base de la pirámide, es decir, los más pobres, no han crecido al 0,5% acumulado. Eso nos ubica en los tres primeros puestos de la peor disparidad social de América Latina.

Con el trabajo que hemos hecho desde la Fundación Juan Felipe Gómez Escobar pudimos bajar la mortalidad infantil total en Cartagena en un 81%. Sin embargo, existe una gran evidencia, tanto del Banco Mundial como del BID, que lo que más perpetúa la pobreza en nuestras naciones es el embarazo en adolescentes, especialmente en aquellas que se encuentran debajo de la línea de pobreza. En esto hemos desarrollado un modelo llamado “360 grados”, aplicado en Cartagena, que rompe los ciclos de pobreza de esas jóvenes embarazadas para que no vuelvan a repetir los mismos patrones de sus madres, abuelas y bisabuelas, quienes también fueron madres a temprana edad.

No me cabe la menor duda de que la pobreza en Colombia ha disminuido en la última década, pero no al ritmo que quisiéramos. La clase media nacional se ha duplicado, al pasar de un 15 a un 28%, y al cierre de 2013, 1’300.000 personas salieron de la pobreza extrema. Lo que no podemos ignorar es el grave problema del embarazo a temprana edad y sus nefastas consecuencias sociales.

Si este tema no es considerado agenda prioritaria en nuestras políticas públicas, no habrá desarrollo social sostenible. Como dijo el expresidente del Banco Mundial, Sir Mark Malloch-Brown, en un foro al que asistí en Suiza recientemente: “Si quieren ir rápido en el desarrollo, hay dos ingredientes claves: invierta en las niñas y mujeres, y en educación”.

No nos podemos equivocar cuando la evidencia mundial señala el enorme aporte que hacemos las mujeres a las economías del desarrollo. Al fin y al cabo somos el 50% de la población.

*Catalina Escobar

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