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¿En dónde está Brasil en la esperanza de paz?

09 de septiembre de 2012 - 06:00 p. m.

Después de 60 años de conflicto armado, el narcotráfico ha deslegitimado la lucha política de las Farc y ha contaminado la institucionalidad de las Fuerzas Armadas.

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Gobierno y guerrilla se sentarán a la mesa de negociación con el objetivo de buscar una salida política a la guerra. El gobierno de Juan Manuel Santos ha tenido en la posibilidad del inicio de un proceso de paz fuerte oposición del expresidente Uribe, cuyas elecciones tuvieron como bandera vencer militarmente y para quien la plusvalía de la guerra es más significativa que pensar en tiempos de paz. Si, por un lado, la guerra es un gran negocio, hay que reflexionar qué es la paz para cada uno de los interlocutores de ese proceso. Las condiciones actuales son distintas a las del Caguán. Desde entonces, las apariciones de Tirofijo, las impactantes declaraciones de Carlos Castaño y la internacionalización del conflicto desde el Plan Colombia convirtieron al narcotráfico en el señor de las sombras del conflicto colombiano y legitimaron la intervención militar directa de Estados Unidos bajo el argumento de la lucha contra las drogas.

Con el apoyo de ese país, el Ejército colombiano ha demostrado supremacía militar y los fuertes golpes de las Fuerzas Armadas a las Farc debilitaron a la guerrilla más antigua del mundo. La lucha por la tierra ha perdido su importancia ante una sociedad colombiana cada vez más urbana, extenuada y amedrentada por el poder de los fusiles. El proceso de paz del gobierno Santos se da en un contexto de mayor credibilidad internacional de Colombia, con una agenda de EE.UU. distinta en una América del Sur que apuesta por la consolidación de una zona de paz y con una agenda internacional en la que los recursos naturales tienen gran importancia estratégica.

En varias ocasiones Brasil, por solicitud del gobierno colombiano, concedió apoyo logístico para la liberación de secuestrados, lo que evidenció una diplomacia comprometida con la paz regional. Brasil ha demostrado voluntad política para cooperar en el momento que Colombia considere apropiado. Hasta el momento, el gobierno colombiano no ha dado ninguna señal a Itamaraty. Dado el carácter político de la negociación, por encima de alianzas militares y económicas, Brasil y su experiencia diplomática como mediador en diversas partes del mundo, hacen falta…

 

* Beatriz Miranda, Analista internacional

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