A comienzos de este año, el 21 de febrero, varias mujeres y hombres realizamos un plantón frente al canal RCN. Lo llamamos “No más Diomedízate”. Rechazábamos que ese medio de comunicación hiciese una telenovela con un feminicida como héroe, que exaltara a través de él los valores machistas, violentos y de profundo desprecio hacia la mujer que subsisten en buena parte de la sociedad colombiana.
Ningún medio de comunicación cubrió nuestra protesta pública, nadie habló de lo que hicimos. Nuestra voz no fue mediatizada por obvias razones. Sabíamos que esa producción ya estaba grabada y que movía millones de pesos, pero era nuestro deber ético pronunciarnos en contra de todo lo que ella significaba. Aquí está la evidencia de nuestro acto simbólico y no por eso, menos político.
Pasado el tiempo y mientras que en Colombia se marchaba por la paz, el 9 de abril se radicó el proyecto de ley 217 de 2015 en la Cámara de Representantes, “por medio de la cual se exalta la obra musical del compositor e intérprete vallenato Diomedes Díaz Maestre y se reconoce su legado al folclor nacional. ”[Homenaje a Diomedes Díaz Maestre]”. Los autores de este proyecto son los señores Alfredo Ape Cuello Baute, del Partido Conservador, y Eduardo Alfonso Crissien Borrero, del Partido de la U.
¿Cómo pueden atreverse a proponer que un violador feminicida sea considerado patrimonio cultural, cuando la sociedad colombiana debe liberarse del machismo que genera la violencia de género?
Astutamente, como si estos dos señores supieran que hay motivos de peso para rechazar su propuesta, enuncian que: “el proyecto fue concebido pensando exclusivamente en el artista y su obra musical, más no en todas aquellas situaciones personales que se alejan del ámbito estrictamente artístico”.
¿Cómo es posible que estos dos colombianos en el ejercicio de la política partidista se atrevan a separar lo personal de lo político? ¿Nadie les ha informado que lo personal es político, que es inviable separar lo uno de lo otro, máxime cuando se trata de figuras públicas que, sí o sí, influencian a la ciudadanía con sus actos de vida? ¿Qué están defendiendo como patrimonio cultural: en pleno siglo XXI consideran cultura el machismo, el sexismo, el patriarcado? ¿O defienden la violación y el feminicidio?
¿Tenemos que recordarles a estos señores congresistas que violentar, violar y asesinar a una mujer no se puede considerar como un simple “asunto de la vida personal”? Ellos, que se supone conocen nuestra legislación, deben saber que la ley 1257 es muy clara cuando dice: “la violencia de género no es un asunto privado”.
Basta con escuchar una sola de las canciones compuestas por Diomedes Díaz, ‘La falla fue tuya’, para notar que ese señor vivió haciéndole apología al machísimo desenfrenado. Y no lo hizo sólo cantando: fue condenado por el delito de homicidio en la persona de Doris Adriana Niño, en el año 1997. Él fue un ícono de las instituciones machistas, desde el punto de viste que se mire.
Este proyecto de ley es una nueva burla a la lucha por los derechos de las mujeres. Pero además, ¿de qué paz puede hablar un país que tiene de patrimonio nacional a un feminicida? ¿De qué sirven diferentes avances legislativos que procuran la materialización del derecho a una vida libre de violencia para las mujeres, si un monumento al machismo y la violencia de género es convertido en patrimonio nacional?
En 1995 Colombia suscribió la Convención Interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, conocida Como Belem do Pará, que obliga a los Estados a condenar toda forma de violencia contra la mujer. Los Estados convinieron adoptar, por todos los medios apropiados, políticas orientadas a prevenir, sancionar y erradicar dicha violencia. Entre otras obligaciones, asumen actuar con debida diligencia para prevenir, investigar y sancionar la violencia en contra de la mujer.
Pero eso no es todo. La Ley 1257 de 2008 establece normas de sensibilización, prevención y sanción de forma de violencia y discriminación contra las mujeres; incluye obligaciones de sensibilización, prevención y sanción para las diferentes violencias. De manera reciente, el mismo Congreso aprobó la Ley de Feminicidio.
Así pues, resulta una contradicción aprobar este proyecto de Ley. Darle reconocimiento de ídolo del país al señor Díaz no es ni congruente ni consecuente; por el contrario, reafirma el imaginario social, cultural y político patriarcal que nos ha llevado a la guerra que hoy padecemos.¿Cómo podemos decirles a las mujeres y niñas que tenemos derecho a vivir sin miedo, cuando desde el Congreso se le rinde homenaje de “prócer” a un feminicida? De aprobarse menuda propuesta, el Estado será responsable en naturalizar casos de feminicidios.
* Ideóloga de Feminismo Artesanal.