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Hambruna y sed en La Guajira

11 de agosto de 2014 - 07:38 p. m.

En el programa Especiales Pirry, de RCN de Colombia, se destapó la vasija de barro wayuu u olla de aluminio alijuna sobre la muerte de cientos de niños y niñas por desnutrición severa entre 2008 y 2013. En lenguaje popular eso se llama hambre, como lo dijeron los médicos entrevistados. Esto ocurre en La Guajira de Colombia.

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Además se habló de las inclemencias de la naturaleza por la ausencia de lluvias por 600 días, frente a la cual las autoridades no asumieron ninguna previsión. Indefinición de la política indígena, social, fronteriza, y en marcha el populismo momentáneo, engañoso e improvisado de siempre. Del otro lado, el venezolano, el asunto es igual, hay niveles de desnutrición entre los añús y wayuus, seguramente con algunas muertes durante estos años. La crisis del agua es galopante y la promesa de molinos, pozos, plantas desalinizadoras, jagüeyes y acueductos data de hace años, mueren generaciones de wayuus y nada que encontramos agua hasta Castilletes. Por eso, entre otras cosas, el denigrante bachaqueo para sobrevivir.

Dura la situación para llevar comida a La Guajira por las indiscriminadas restricciones. No hay política de activación de la agricultura, cría, pesca, salinas, artesanía y turismo. Para esa activación es fundamental el agua. Mala suerte histórica para los dos lados. Dos Guajiras en una sola, discriminada bajo el manto de la desidia y explotada en sus riquezas mineras que no se revierten en obras para su bienestar. Península preterida.

Estos gobiernos, de Colombia y Venezuela, no terminan de entender que el wayuu tiene que ingeniárselas para sobrevivir en una península secuestrada por múltiples intereses. Ni que tienen que ponerse de acuerdo para articular de manera efectiva programas de integración fronteriza binacional y la tolerancia al wayuu para participar en la activación de las potencialidades económicas de siempre, sin olvidarse del comercio fronterizo de subsistencia en términos racionales y de control conjunto organizado. Hay que deslindar las actividades de sobrevivencia del guajiro del “gran contrabando”, que es de otros. El contrabando de cuello blanco que pasa por su territorio sin dejar nada.

La Guajira necesita soluciones de fondo y estructurales. Mientras tanto siguen las movilizaciones y denuncias por la defensa del río Ranchería y por la violación de los derechos fundamentales de los pueblos indígenas colombo-venezolanos.

Los presidentes Maduro y Santos anunciaron atención especial al pueblo wayuu colombo-venezolano. Estaremos atentos, seamos optimistas.

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